¿Toma de conciencia o despertar de conciencia?

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A lo largo del tiempo he insistido en que una cosa es la toma de conciencia y otra muy distinta es el despertar de la conciencia. La primera tiene que ver con hacerse conscientes de la realidad que fue impuesta en este plano para esclavizarnos. Implica percibir la prisión y su funcionamiento, así como desenmascarar impostores tanto en el escenario global como en el propio entorno. Por su parte, el segundo término hace referencia al despertar de la conciencia dormida en el interior de una persona que comienza a auto percibirse no como el sistema la programó, sino como realmente es en esencia. Ese despertar implica percibir y aceptar que los humanos no somos únicamente materia y mente, por lo que surge una fuerte necesidad de conocer más y de experimentar esta y otras realidades a nivel transpersonal.

De manera ideal estos dos procesos deberían correr en paralelo, sin embargo, no siempre es así. Algunos comienzan a tomar conciencia de la realidad exterior, pero se niegan a conocerse a sí mismos. En otras palabras, llegan a conocer bien la prisión, pero no salen de ella porque nunca hicieron nada por salir de su celda.  Otros se encierran en su mundo interior, pero se mantienen ignorantes del rol que juega el entorno dentro de sí mismos. Es decir, pueden llegar a conocer bien su celda, pero nunca logran escapar de la prisión. Y es que no se puede llegar muy lejos cuando se niega o se mantiene distorsionada la realidad interior o exterior.

Adicional a esto, el conocimiento y la experimentación son solo un paso, porque la auténtica conciencia es la que se vive, la que se experimenta día con día, en cada decisión que se toma. De nada sirve tener conciencia de que los grandes corporativos son un cáncer cuando se consume irracionalmente. De nada sirve tener conocimiento de lo que se hizo en otras vidas si no se trabaja duro para deshacerse de la programación negativa recibida en la actual.

Para la mayoría, la palabra conciencia equivale a conocimiento, y éste a transformación. Desde Freud se cree que el simple hecho de hacer consciente un padecimiento lo cura. Y sí ayuda en mucho, pero el sistema le hizo creer a las masas que es suficiente y no es necesario trabajar para resolverlo, muchas veces, a varios niveles y en diversos planos: físico, psicoemocional, genético y energético. De nada sirve darte cuenta que en tus relaciones de pareja estás repitiendo patrones disfuncionales aprendidos en la infancia si no sanas las heridas que te provocaron en el pasado y hoy determinan tu conducta, si no te deshaces de la programación que heredaste de esos patrones que hoy determina tu conducta, si no te liberas de los lazos energéticos que tienes con ese pasado y sus protagonistas que hoy determinan tu conducta, si no modificas el concepto distorsionado que tienes de ti mismo por culpa de esos patrones y hoy determinan tu conducta, si sigues poniendo cualquier cantidad de pretextos para no dejar a tu actual pareja a pesar de conocer lo que te atrajo a ella.

Desde mi punto de vista la conciencia es un variable que debe ser abordada de una manera integral: el descubrir algo fuera o dentro, es decir el conocimiento, siempre será solo el primer paso. Hay que investigarlo, analizarlo, llegar al fondo y una vez sumido en la porquería, aceptarlo. Después hay que trabajar duro para sanarlo y resolver lo que sea necesario para llegar al punto final: la transformación que surge al modificar la conducta con base en lo aprendido durante el proceso. El aprendizaje real -no la memorización o la recopilación y almacenamiento de información-, implica la modificación de la conducta. Si no se toma un rumbo distinto, entonces no se aprendió, solo se acumularon vivencias que cuando mucho solo sirven como anécdotas. Si no surge una transformación personal entonces no se tomó conciencia, se sigue siendo esclavo, pero ya no de las circunstancias, sino de uno mismo. Por lo tanto, ¿podemos afirmar que una persona es consciente cuando lo que hace atenta contra sí misma? ¿Hay conciencia auténtica en alguien que se niega a transformar aquello que lo limita, lo estanca o le produce dolor y sufrimiento? ¿Una persona es verdaderamente libre cuando vive esclavo de sus miedos, de su apatía o de su comodidad?

Quien quiera salir de la prisión necesita dejar de hacerse tonto solo y hacer lo que sabe que tiene que hacer. Este no es tiempo para seguir perdiendo el tiempo. Es ahora o nunca.