Tiempos maestros

Suscríbete al nuevo canal de Telegram haciendo click aquí. Recibe directo en tu teléfono las nuevas publicaciones del blog, videos y mucho más.

Los seres humanos somos expertos en esconder debajo del tapete nuestros fantasmas interiores. A veces porque el dolor es tal que preferimos evadirlo que enfrentarlo, otras veces por vergüenza, otras por culpa o por todas las anteriores. Ese mecanismo hace posible vivir el día a día con cierta comodidad, pero no ver el problema no es lo mismo que superarlo. De manera que los monstruos internos continúan afectando el estado de ánimo, la percepción de la realidad y la conducta en general desde la profundidad de la mente inconsciente. Esto no podía continuar así, por lo tanto, en 2018 la vida sacó del fondo del armario la mierda que teníamos almacenada, nos sentó a la mesa y nos obligó a tomar conciencia de cada herida y asunto a resolver. Evidentemente la mayoría hizo caso omiso, por lo tanto, en 2020 tuvimos otra oportunidad. Algunos aprovecharon el confinamiento, pero la mayoría eligió no hacerlo. Es así como llegamos a 2022, la última llamada para tomar en serio la depuración interior necesaria para salir de la prisión.

El año arrancó a tambor batiente. Eventos y situaciones en general que nos han tocado fibras sensibles y profundas. Desde diciembre de 2021 comenzaron a agitarse las aguas internas y a principios de año explotó la bomba. Sí, justo como la que explotó en el Pacífico en el mes de enero. La oscuridad, consciente de que este proceso puede ser determinante para la toma de conciencia de una gran cantidad de personas, apretó el acelerador y rápidamente surgieron los distractores para llevar la atención de las masas a una amenaza creciente de guerra en Europa, la inminente crisis económica global y todas las opciones de ocio y entretenimiento que surgen como consecuencia de un hipotético fin de las restricciones sanitarias. Esto es suficiente para mandar a los fantasmas de vuelta al fondo del armario y reinstalarse en la comodidad y el miedo.

Pero hay quienes están dispuestos a aprovechar estos tiempos maestros y trabajar duro para superar aquello que está surgiendo con fuerza desde su mundo interior. El problema es que parece no estar del todo claro qué es ni cómo trascenderlo. Veamos un ejemplo:

Esmeralda, 35 años.

Llevaba años pensando en divorciarse, pero terminaba convenciéndose de volver a intentarlo. Una y otra vez caía en el mismo estado de insatisfacción, frustración y hastío. Hasta que en 2021 acepta que las cosas no van a cambiar y se decide a tomar acción para divorciarse. De inmediato surgen los miedos, las dudas y las inseguridades que la llevan a desconfiar de sí misma.

De primera mano parece normal cuando esto sucede con un divorcio en puerta, pero el avance de los sucesos deja ver que el divorcio solo es un detonante del verdadero problema a resolver: Esmeralda es la hija mayor en una familia terriblemente conservadora que condena el divorcio. Cuando se enteraron sus padres de la decisión que tomó su primogénita, la criticaron, juzgaron y descalificaron. Peor aún, le colgaron las etiquetas de “la vergüenza de la familia” y “la responsable de dar un mal ejemplo a sus hermanas”.

La conducta de sus padres puso en evidencia algo que ella nunca había querido aceptar abiertamente: en su familia nunca ha tenido la libertad de ser quien es, y cuando quiere tomar decisiones que la lleven a ser ella misma, surge el rechazo y el juicio que deriva en el abandono de cualquier proyecto. Pero más aún, descubrió que ella misma toma el lugar de ellos y se autosabotea cada que surge de su esencia alguna idea o plan que confronta los patrones de conducta establecidos en su familia. De inmediato se descalifica y reprime cualquier intento de romper los dogmas y programas familiares.

Es así como podemos ver que esta situación es como un iceberg, en donde la punta visible es el separarse de su marido, pero si miramos debajo del agua, se puede ver la falta de apoyo de su familia cada vez que ha intentado ser ella misma durante su vida. Incluso, más al fondo se observa que la percepción de Esmeralda sobre sí misma, es un compendio de las creencias, las normas y costumbres de su familia, no es ella misma. Y si se va más al fondo, se puede ver que aprendió a tratarse como la tratan sus padres cada que intenta ser ella misma. Ante tal escenario, ¿cómo no va a sentirse insegura de divorciarse? Aún con todo esto en contra puede lograrlo, pero si en lugar de enfocarse en la punta del iceberg se concentra en resolver el problema de raíz, el resto vendrá por añadidura.

La vida la situó frente a la posibilidad de deshacerse de todo aquello que le impide ser ella misma. En estos tiempos de definición, resulta clave descubrir su esencia debajo de toda la programación que recibió, del dolor y el sufrimiento que experimentó, así como del juez interno que desarrolló para asegurarse de cubrir las expectativas de su entorno. Más allá del resultado mundano, aceptar el proceso de rencontrarse consigo misma es una decisión tomada desde el amor que fortalece su luz interior y amplía sus posibilidades de salir de aquí. De otra manera, si eligiera abandonar la idea de divorciarse, estaría aceptando el yugo impuesto por su entorno y asumiendo un Yo que fue diseñado y programado por la oscuridad para retenerla en la prisión.

Francisco, 46 años.

Es el menor de una familia numerosa. Su madre se dedicó a trabajar en casa y su padre fue militar. Hoy ambos jubilados. Muy acorde a los cánones de la época, la madre tenía una personalidad sumisa, mientras que el padre era dominante. En casa todos marchaban al paso que él determinaba y se les exigía igual que en el ejército.

Como era de esperarse, Francisco se casó con una mujer como su mamá y adoptó la personalidad de su padre. Su irracional necesidad de tenerlo todo bajo control sumió a su familia en una crisis profunda. Ahora, su matrimonio pende de alfileres y sus hijos se la piensan dos veces antes de acercarse a él. Desde la perspectiva de Francisco, ellos nunca hacen las cosas bien y eso detona sus reacciones violentas.

La pandemia y los confinamientos no ayudaron nada. Por el contrario, el encierro llevó al límite su necesidad de controlarlo todo. El miedo al contagio lo predispuso y no solo contagió el miedo a su familia, sino también el virus. Ese fue el pretexto ideal para incrementar las medidas de coerción en la familia y detonar a crisis en la que se encuentran en la actualidad.

Francisco solo ve al enemigo externo –el virus, la situación económica, su esposa desobligada y sus hijos tontos y desobedientes–, pero la vida lo está obligando a ver que está repitiendo los mismos patrones que aprendió en la casa de sus padres. Ahora él es el general que trae marchando a su familia y pretende controlar todo lo que sucede a su alrededor. Así, mientras no se enfoque en rencontrarse debajo de una identidad y una conducta que no es la suya, seguirá condenado a vivir la vida de su padre y, sin darse cuenta, estará rechazando la oportunidad de salir de aquí llegado el momento.

Si Francisco se aferra a continuar viendo el problema en la superficie, su matrimonio tronará y la relación con sus hijas se disolverá. Él se instalaría en el rol de víctima y al sentir que no tiene control de nada, su vida se convertiría en el peor de los infiernos. En cambio, si se concentra en lo profundo y comienza a trabajar en deshacerse de esa personalidad espuria para rencontrarse consigo mismo, todo se transformará de manera positiva. Por supuesto que cada miembro de la familia tiene que hacer su parte para superar la crisis, pero más allá de ello, él estaría transformando su realidad y, al soltar su necesidad de control, permitiría a cada quien elegir con base en su libre albedrío el rumbo que quieren tomar. Eso es amor.

En conclusión, así como Esmeralda y Francisco, todos tenemos frente a nosotros la oportunidad de liberarnos de todo aquello que nos separa de nuestra esencia. Nada debería ocuparnos más que rencontrarnos en nuestro interior. Esa es la llave que abre la puerta de la prisión. La mesa está puesta. Observa tus circunstancias actuales. Reflexiona, analiza y profundiza lo más que puedas para encontrar aquello que tienes que trabajar para dejar de ser lo que no eres. Ese es el objetivo de todo lo que está sucediendo en estos tiempos: deshacerte de aquello que te impide ser tú mismo. Solo rencontrándote con tu esencia y viviendo en consecuencia lograrás regresar a casa. Aprovecha, ésta es la última oportunidad.