Resignificar el placer

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Una de las cadenas más gruesas y pesadas que esclavizan a la humanidad a este plano, es el placer. Todo parte de un desarrollo psico-emocional muy limitado y de una toma de conciencia escueta y malentendida. El ser humano contemporáneo se encuentra atorado en etapas infantiles –en el mejor de los casos adolescentes–, donde se privilegia el placer por encima de cualquier cosa. La búsqueda de todo tipo de sensaciones y experiencias placenteras es lo que le da sentido a su paupérrima existencia. Creen fielmente que sin placer no hay felicidad. Y como sienten que nacieron para ser felices, concentran todos sus esfuerzos en acumular experiencias placenteras y comunicarlas al mundo para afirmarse y obtener aceptación y reconocimiento. Por su parte, la religión prohíbe ciertos placeres que terminan convirtiéndose en algo más que atractivo para la mente adolescente del ser humano, y la new age alienta a las personas a creer que conciencia es sinónimo de abundancia y placer. Y quizás en cierto punto sí, pero no del tipo de placer que libera, sino del que esclaviza a lo mundano.

La búsqueda afanosa del placer parte del cerebro reptiliano, que es la parte más primitiva del cerebro humano. Es la sede del instinto, cuya función principal es mantener con vida a cada persona y generar recompensas sensoriales (que lo que hagas se sienta rico, pues). En otras palabras, la humanidad actual se comporta igual que muchos animales en sus etapas primarias (los animales adultos son más independientes, inteligentes y maduros que muchos seres humanos). Obedecen a su instinto, no a su inteligencia y, mucho menos, a su conciencia.

Cuando a un niño pequeño comienzas a condicionarle o a limitarle el placer, primero se destantea y después se enoja. No entiende el motivo por el cual debe moderar o dejar de hacer aquello que le produce placer. Su instinto activa sus mecanismos de defensa y sus reacciones tienden a ser agresivas. Exactamente igual que un adulto cuando le dices que, si quiere salir de aquí, debe renunciar a muchos de los placeres que le ofrece la vida. De inmediato lo niega, se cierra y te descalifica. Quieren todo fácil, inmediato, barato (de preferencia gratis), sin compromisos de por medio y sin tener que esforzarse demasiado.

Esta actitud infantil evidencia la profunda inmadurez en la que el sistema sumió a las masas. Gracias a ella, la oscuridad logró inclinar la balanza en su favor. Es una misión imposible apelar a la inteligencia y la conciencia de alguien que está instalado en el sótano de su desarrollo psico-emocional y espiritual.

Las masas solo aceptan los cuentos de hadas, donde todos los humanos son buenos y la abundancia es ilimitada, los ángeles los acompañan y los ayudan en todo, los extraterrestres vienen a rescatarlos, los malos se van al calabozo y mágicamente la vida se convierte en un día soleado en un parque de diversiones entre ponys y unicornios de colores.

Cualquier verdad que implique dolor, esfuerzo o compromiso, es bloqueada y cancelada en automático. En estos tiempos no se acepta nada que ponga en riesgo la comodidad, la diversión y el placer de la humanidad. ¡Y menos después de dos años de restricciones! Buena parte de la ansiedad que padece la población mundial proviene de todo el placer que se tuvo que sacrificar y reprimir durante los confinamientos. De ahí que las masas salieran corriendo a inyectarse sin cuestionarse o justificando su conducta con argumentos políticamente correctos, pero absolutamente inconscientes. Están dispuestas a hacer lo que sea con tal de recuperar su libertad de experimentar placer. Son adictas a ello y tanto tiempo de abstinencia las tuvo enloquecidas.

Entonces, ¿el placer es malo?

El placer no es bueno ni malo, solo es. El placer sensorial es parte de los atractivos de la experiencia humana. En otras dimensiones los seres carecen de materia, son pura energía. Por lo tanto, no existen los besos, los abrazos, el deleite con la comida, el enamoramiento, los orgasmos… Existen otras maneras de sentir y expresar amor, pero son muy diferentes a lo que conocemos los seres humanos. No son mejores o peores, solo son.

En el momento en el que te vuelves consciente de ti mismo, de tu esencia, y de la obscena manipulación a través del placer que ejerce el sistema, te vuelves muy selectivo en cuanto a los estímulos que te permites, ya que la mayoría de ellos representan un riesgo para quien busca el desapego de este plano a fin de regresar a donde pertenece. Por un lado, elegir el placer sobre la conciencia, implica elegir el cuerpo-mente sobre el espíritu. Es decir, alimentas y fortaleces tu naturaleza humana y debilitas tu energía, por ende, te anclas a este plano y cuando te llega el momento de morir, llegas al encuentro decisivo frágil e inconsciente. 

Por otro lado, existen muchas fuentes de placer que la matrix te ofrece como la solución a todos tus problemas, incluso, como un estilo de vida que es una fuente de felicidad (la normalización de todo tipo de experiencias sexuales, el consumo desmesurado de alcohol, drogas y sustancias psicotrópicas, etcétera), pero en realidad son experiencias que se han popularizado porque sirven para abrirle la puerta de tu cuerpo físico y energético a todo tipo de energías y entidades de baja vibración que no solo te contaminan, sino que llegan a controlar tu pensamientos, sentimientos, emociones y conductas sin que seas consciente de ello.

En un encuentro sexual, por ejemplo, tu energía y la energía de tu pareja se funden en una misma. Por lo tanto, tu cuerpo energético termina contaminado con la energía, no solo de la persona con la que te metiste en la cama, sino con la de las personas con las que ésta se ha involucrado sexualmente. Hay autores que afirman que la energía de una pareja sexual llega a quedarse en el cuerpo hasta siete años después del último encuentro. Es decir, no solo te estás dejando comprar a través del placer, sino que te estás poniendo en un riesgo inimaginable a cambio de casi nada.

Hay quien argumenta que no tiene sexo ocasional, sino solo con una pareja estable. Esto disminuye el riesgo de manera notable, pero no lo elimina. La forma más efectiva de interferir, obstaculizar y comprar a una persona cuya conciencia despertó y comienza a liberarse del grillete, es a través de una pareja. Pocas cosas son tan infalibles, sobre todo cuando se emplean “agentes” con los que el rebelde tiene experiencias en encarnaciones previas, cuyas memorias inconscientes son usadas como anzuelos para hacer caer a la presa. Estas personas se acercan mostrando su lado luminoso, dejando ver las cosas que se tienen en común, hablando el mismo idioma que su víctima. Poco a poco las van atrapando en su red, se van metiendo en su vida como la humedad, hasta que un buen día se dan cuenta de que las tienen metidas en su espacio, en su círculo, en su mente y en su corazón. Es entonces cuando estos “agentes” se quitan el disfraz y comienzan a generar inestabilidad en sus víctimas. Primero las alejan de las buenas influencias y las acercan a las malas, después se meten hasta la cocina en sus vidas, fingen ser sus aliadas incondicionales y en algún punto sugieren formar una familia. Teniendo hijos se aseguran de infiltrar a un nuevo “agente” en la vida de la víctima, uno del que difícilmente se podrá alejar en muchos años y a través del cual se perpetúa el ciclo de negatividad entre ellos. Los otrora rebeldes caen redonditos con el cuento de que “todos los niños son buenos” (los había hasta el 2018, después ya no) y para poder hacer frente a la paternidad y sacara a su familia adelante, terminan por abandonar cualquier proyecto de conciencia y, casi siempre, hasta su desarrollo interior.

Quien no llega a tanto y se conforma con el sexo sin compromisos, no se salva de pagar un precio altísimo a cambio del placer recibido. Cada que se mete con alguien en la cama, está abriendo de capa su energía para que la parasiten todo tipo de chingaderas que en poco tiempo lo tendrán a su merced. Mismo caso con quien se emborracha, con quien usa drogas o quien depende de cualquier otra sustancia o actividad adictiva que es aparentemente inofensiva (el azúcar o el ejercicio, por ejemplo). Toda adicción secuestra la voluntad y debilita el libre albedrío. Eso lo aprovecha la oscuridad para tomar las riendas de la realidad y el destino de su víctima a cambio de satisfacer su necesidad de placer. Negocio redondo para las entidades de baja vibración: ganan mucho invirtiendo muy poco.

Mención aparte merecen todas aquellas personas que, siguiendo la voz de su conciencia, se involucran en la new age y terminan abriéndole el paso a todo tipo de basura energética que está esperando a que caiga el próximo incauto con buenas intenciones para parasitarlo. Todas estas terapias holísticas y ceremonias a la usanza de culturas antiguas que se han puesto tan de moda, se han convertido en el escenario ideal para que las entidades de baja vibración se alimenten con su energía hasta la saciedad. Pero no creas que solo llegan, comen y se van, sino que terminan vinculándose a los incautos que les abren las puertas de par en par creyendo que se trata de seres de luz, guías espirituales de otras dimensiones o su “yo superior”. La búsqueda de placer espiritual es una de los más peligrosas, debido a la facilidad con la que se puede engañar a una persona inexperta (como lo somos todos en algún momento) y, además, los invasores cuentan con la disposición de sus inocentes víctimas para vincularlas a su voluntad sin que se enteren. Ni hablemos del consumo de sustancias psicotrópicas con fines “espirituales” (desde la mariguana hasta los hongos, pasando por la ayahuasca, el peyote y lo que me digas), que terminan convirtiendo a quienes las consumen en canales –literalmente portales orgánicos– de energía de baja vibración que contaminan su entorno y a quienes lo conforman.   

El placer que mana de la conciencia

Podría continuar, pero la lista de actividades placenteras es interminable. Sirva esto para que tomes conciencia de que el mundo ya no es lo que era antes. En el pasado podías abrir estas puertas y utilizarlas con fines no solo espirituales, sino evolutivos, pero ya no vivimos en esos tiempos. Es urgente tomar conciencia de que hoy ya no estamos para disfrutar la vida a lo pendejo, para cometer errores y luego enmendarlos. En el mundo actual los errores se pagan muy caro. Puedes echar por la borda, no solo tu trabajo, sino el de todos los hombres y mujeres que encarnaste durante cientos o miles de años a cambio de un poco de placer efímero. Con una decisión inconsciente puedes estar firmando el contrato para quedarte en este cagadero el resto de la eternidad. ¿Vale la pena?

Y no es que considere que el placer sea negativo, mucho menos que debas vivir en una isla desierta, en estado de meditación constante y alimentándote de prana. Para nada. Basta con que seas realmente consciente de lo que haces, aceptando que corres un riesgo si pretendes vivir la vida como si nada estuviera pasando. Recuerda que debes definir si lo que buscas es el placer que te ofrece la experiencia mundana, o bien, prefieres terminar este ciclo y regresar a donde perteneces.

Si lo que eliges lo segundo, comenzarás a encontrar placer en actividades que nunca imaginaste. Buscarás relacionarte con personas, hacer cosas y consumir de manera responsable, sin ponerte en riesgo, o calculándolo de manera que no termines vendiéndote a cambio de determinadas situaciones o sensaciones. Vivir así es vivir en amor, con libertad y respeto por ti mismo. Y si el sistema te priva de lo que antes te daba placer (como ha pasado durante los confinamientos), te afecta muy poco porque ahora experimentas placer desde tu conciencia, no desde el cuerpo y la mente. Dejas de desear y te concentras en lo que tienes. Necesitas cada vez menos bienes materiales, ya que eres consciente de que tu auténtica riqueza, aquella por la que trabajas duro todos los días, está en tu interior, en tu corazón, en tu energía. Le das tanto valor que aprendes a no derrocharla ni compartirla con cualquiera. Estás bien, te sientes lleno con lo que tienes porque te tienes a ti, te amas y, por ende, te proteges de la oscuridad que te acecha y todo el tiempo pone a prueba tu fuerza de voluntad.

Elegir marcharse de aquí implica renunciar al placer que el sistema produce a escala masiva y te pone en riesgo. Ese que te venden descaradamente en cualquier video de reggaetón, en las series de Netflix, las comedias románticas de Hollywood, los libros de autoayuda y los videos de los gurús de la pseudo conciencia. Está en las creencias que aprendiste en tu familia, en los condicionamientos que heredaste de tus ancestros, en los dogmas de la religión, las absurdas normas del tribunal de lo políticamente correcto y el mundo color de rosa de la new age. Encajar en esos estereotipos y recibir aceptación y reconocimiento (que muchas veces ni siquiera es genuino), también es una fuente de placer que puede tener consecuencias desastrosas, ya que terminas convirtiéndote en un personaje creado por la matrix y renunciando a tu verdadera esencia.

Cuando sueltas todo eso, haces lo que tienes que hacer sin la expectativa de lo que obtendrás a cambio. Lo haces porque es lo correcto y eso siempre trae beneficios, que no serán los que te exige el mundo, pero son los que llenan tu corazón, engrandecen y fortalecen tu conciencia, te integran a tu esencia, te sitúan en el momento presente y te brindan la libertad y la plenitud que nada ni nadie puede darte. Beber de esta fuente de placer, la que emana de tu conciencia, te quitará la sed eternamente. Tú eliges.