¿Qué tan nueva es la Nueva Era?

Mucho se ha dicho sobre los tiempos actuales, ¿pero se ha dicho la verdad? La inmensa mayoría de la humanidad responsabiliza de la debacle a un virus de muy dudosa procedencia. Algunos otros culpan a la corporatocracia global de crear las condiciones necesarias para un cambio de régimen más tirano, autoritario y controlador que nunca. Otros se basan en la astrología y los escritos sagrados para argumentar que nos encontramos en el final de una Era y el inicio de una nueva, lo cual necesariamente provoca el derrumbe de los antiguos paradigmas que sostuvieron la realidad humana y planetaria para dar paso al nacimiento de los nuevos.

Hasta aquí podemos encontrar un cierto consenso global. La divergencia comienza surgir cuando nos preguntamos qué sigue después y el rumbo que tomará la humanidad toda vez que el proceso de cambio de Era se concrete.

El discurso casi generalizado es que está naciendo una “nueva humanidad” con una “nueva conciencia” que transformará de manera integral la vida en el planeta. Esta “nueva raza”, dicen, respetará al planeta, gobernará con justicia y honestidad, utilizará la tecnología para el beneficio en común, erradicará la pobreza, privilegiará la libertad y el desarrollo artístico con una visión humanista, vivirá desde la espiritualidad en vez de la materia, tendrá elevados valores éticos y morales que serán respetados por toda la humanidad que se mantendrá unida y amorosa, en armonía consigo misma y con el planeta.

Todo esto se dará mediante la intervención divina de un mesías, una invasión extraterrestre, el triunfo del partido opositor al régimen de cada país, con el cambio de polaridad en la energía galáctica o con la ascensión a la quinta dimensión de todo ser que vibra en amor (cualquier cosa que esto signifique). Los más instruidos dicen que culturas antiguas describieron con mucha exactitud los nuevos tiempos y en buena medida coincide con lo que vivimos en la actualidad. Pero casi nadie se hace responsable de hacer la parte que le toca para generar las condiciones que se necesitan para modificar la realidad, algo que también nuestros antepasados señalaron con gran vehemencia. En su lugar, la subdesarrollada humanidad actual se enfocó en una fecha calendárica que llegaría indefectiblemente, pero “olvidó” que la dichosa transformación solo se produciría como consecuencia de la transformación interior consciente de un número de personas lo suficientemente importante como para iluminar la oscuridad que invadió el planeta. Algo que a todas luces no sucedió y ya es demasiado tarde para que ocurra.

El ser humano se dedicó a fortalecer los viejos paradigmas por medio de los cuales le obligaron a explicar su realidad: política, religión, ciencia y economía. Y desde su zona de confort, se limitó a votar al partido opositor para modificar su realidad política, buscó practicar una religión, alguna actividad energética o una corriente filosófica pero no se desarrolló espiritualmente; cambió de empleo o lo dejó para emprender un negocio creyendo que así se liberaría del sistema económico, y se preparó a nivel académico para comprender mejor el universo y aspirar a modificarlo pero con las limitantes de la ciencia oficialista. En otras palabras, la humanidad nunca logró emanciparse de esos cuatro paradigmas que hoy se vuelven contra ella y mantienen viva su esperanza en que vendrá un cambio positivo una vez superado el caos actual.

En la próxima entrega hablaremos de cuáles son los cambios a los que se refiere el sistema, pero anticipo que bajo ninguna perspectiva esos cambios representan un cambio de paradigma, sino el fortalecimiento de los anteriores pero adaptados a los nuevos tiempos.