Niños jugando al cambio

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Tener la esperanza de que las cosas van a estar mejor en este plano, no solo es absolutamente limitadora, sino una evidencia más de la infantilización de la humanidad. Resulta innegable que a lo largo de la historia han ocurrido grandes revoluciones que trajeron cambios muy importantes, pero tampoco podemos negar que los problemas de la humanidad siguen siendo los mismos de siempre: gobernantes abusivos, desigualdad, miseria, hambre, ignorancia, división, sometimiento, abuso, violencia y un interminable etcétera. Luego entonces, ¿estas revoluciones resolvieron los problemas más fundamentales de la humanidad? No.

Claro que existieron personas, comunidades y civilizaciones que vivieron con valores muy elevados y se guiaron por principios universales que podríamos incluso calificar de “ideales”, pero todas terminaron infiltradas, contaminadas, eliminadas y olvidadas. Lo que hoy sabemos de ellas está completamente tergiversado y es utilizado  por el sistema como herramienta de manipulación de masas.

En la actualidad prácticamente ningún movimiento social con alcance masivo es genuino. Todos son creados, financiados y difundidos por las esferas del poder. Las masas borregas creen estar haciendo la revolución y ganando derechos de minorías pero nada más lejos de la realidad. Solo son títeres descerebrados al servicio del poder al que dicen combatir. No dudo que existan  resistencias genuinas pero están claramente neutralizadas y aisladas de la zona de influencia.

El primer gran obstáculo para que exista una transformación es la misma humanidad actual, los casi 8 mil millones de personas con la mentalidad más infantil de la historia. Los niños pequeños no hacen revoluciones, solo berrinches. Los niños pequeños no quieren una vida más justa, sino más divertida. Los niños pequeños no quieren transformar el sistema comenzando por expulsarlo de su interior, solo quieren llamar la atención. Los niños pequeños no quieren sanar sus heridas y reinventarse, solo quieren estar a la moda e imponerse a los demás. Los niños pequeños no se comprometen, se entretienen. Los niños pequeños ni siquiera tienen una identidad definida, ¿cómo creemos que serán capaces de transformar el mundo cuando no pueden limpiarse el trasero por ellos mismos o sin presumirlo en redes sociales? Los únicos que creen que los niños pueden cambiar el mundo son otros niños.


La gran transformación que está transcurriendo fue planeada desde hace milenios. Y para poder concretarla necesitaban de la complicidad de la humanidad. Nadie más dócil y fácilmente manipulable que los niños. La infantilización de la sociedad es uno de los más grandes logros del poder. Y son, precisamente, esos niños berrinchudos quienes abanderan las causas que dan forma al “nuevo mundo” pero en su propio detrimento. Nunca como ahora se había expandido la oscuridad con tal libertad y fuerza. En el pasado encontró muchos contrapesos luminosos que hoy ya no existen. Y los pocos que se resisten a perderse en este océano de oscuridad, tienen que librar cotidianamente cruentas batallas en los planos físico, psicoemocional y energético. Aquellas pocas luces que se mantienen encendidas son acosadas mañana, tarde y noche por la oscuridad en todas sus formas y manifestaciones. Nadan contracorriente y su primera gran batalla es el rechazo y el desprecio de otros humanos que no ven más allá del plano material, o de aquellos cuya naturaleza es el mal y quieren destruirlos a toda costa.

El mundo de hoy y de mañana es para los eternos infantes que cambiarán de Era pero serán más esclavos que nunca. Pero aquellos humanos poco comunes que se niegan a terminar devorados por la oscuridad, necesitan reenfocar su esperanza en un objetivo consciente que los motive a continuar adelante cuando tienen todo en su contra. Sobre eso la siguiente entrega.