Los síntomas de la transición

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¿Cómo sabes que estás enamorado? Lo sientes. No necesitas una explicación experta de los síntomas del enamoramiento para saber que Cupido clavó una flecha en tu corazón. De igual manera, muchas mujeres saben que están embarazadas aún antes de experimentar el primer síntoma.  Simplemente lo sienten. Con la muerte pasa lo mismo. Seguramente sabes de personas que sintieron que iban a morir y se apresuraron a poner en orden sus asuntos antes de que les llegara la hora. Obsérvate y observa a tu alrededor, algo ha estado cambiando de manera sutil en las últimas semanas. ¿Qué nos está pasando?

En la publicación anterior expuse que la humanidad está resintiendo los efectos de la transición que está ocurriendo en el planeta. Tanto quienes ansían la libertad como quienes eligen quedarse, están experimentando una serie de síntomas que bien vale la pena conocer más a fondo para tomar conciencia de ellos y comprender mejor el proceso que atravesamos.

Los síntomas en los que se van

Cansancio físico y la pérdida de energía, como si se trajera “poca batería”. Un creciente agotamiento mental con muchas ideas corriendo por la mente que en ocasiones produce jaquecas. También se experimenta una poco usual presión en la cabeza, como cuando te sumerges en el fondo de una alberca. Esta es una sensación constante y algunos días la presión es mayor que otros, en particular en aquellos en los que se puede observar en el cielo una capa densa que parece una nata de contaminación, sin embargo se trata de una especie de domo conformado por energía de baja vibración que comenzó a hacerse evidente en todo el mundo durante 2020. Este tipo de atmósferas grises o café terroso que impiden ver el azul del cielo eran típicos de la contaminación de las grandes ciudades. No obstante, si has viajado en avión recientemente habrás notado que el domo no solo se percibe en la ciudad, sino que se extiende a lo largo del trayecto completo. Incluso en las zonas donde solo hay árboles y montañas. Toda vez que el avión despega y va tomando altura, se atraviesa esta especie de malla de energía oscura y el cielo vuelve a verse azul. Que no te engañen, esto no es contaminación como quieren hacernos creer para vendernos su agenda 2030. Esto es una evidencia más de que los tiempos de oscuridad ya están aquí. ¿Será casual que en todas las películas ambientadas en contextos apocalípticos o post apocalípticos la atmósfera es densa y altamente “contaminada”? Ahora piensa en lo que representa vivir dentro de esta burbuja de mierda y el daño que nos produce a nivel físico, psicológico y energético.     

Pero continuemos con los síntomas: en general cuesta trabajo concentrarse. Se llega al final del día muy cansado y sin energía para realizar actividades antes de dormir que antes se podían realizar sin dificultad. A veces se siente presión o incluso dolor en el hipotálamo, es decir, en la parte posterior del cuello, justo en la zona donde se junta con el cráneo. Muchas personas llegan a sentir como si flotaran en su interior o una sensación de “ligereza” que nada tiene que ver con su complexión o estado físico. Es común pasar la noche inquieto y amanecer adolorido o apaleado, como si se hubiera peleado durante la noche. Con frecuencia se siente que se duerme de manera superficial y muchos están despiertos entre las 2:00 y las 4:00 am. Pueden pasar días sin que se recuerden los sueños, pero los que se recuerdan suelen ser vívidos y muy alocados, a veces carentes de sentido o muy estresantes.

Pero lo que más destaca es el hartazgo generalizado. En México decimos “estar hasta la madre” de todo y de todos. Se ha incrementado esa sensación de no tener un lugar en el mundo, de no sentirse bienvenido en el entorno de siempre. No hay actividad que motive lo suficiente y se pasan los días más por obligación que por gusto. Ya no se tiene ilusión por casi nada y crecen las ganas de “salir corriendo”. Se percibe agresión, violencia, egoísmo y superficialidad en la mayoría de las personas con las que se trata, tanto las cercanas como las que se atraviesan en la calle en situaciones cotidianas. Crece la sensación de buscar un lugar más tranquilo para vivir, de cambiar de actividad y el deseo de unas vacaciones a lugares lejanos. Se percibe un deseo de alejarse del barullo, de los grupos de gente y de todas las actividades donde las masas ponen su atención y su dinero. Muchos comienzan a considerar con seriedad alejarse de las personas negativas que les generan inestabilidad y su círculo social se ha reducido considerablemente. Algunas otras ya lo hicieron y ahora se están dando cuenta de todo lo negativo que en su momento no percibían o justificaban de diversas formas.

La sensibilidad y el dolor ante la injusticia suelen estar a flor de piel. Es común que se experimente mayor vinculación con la naturaleza y los animales, mucho más que con otras personas. Irrita el cinismo con el que el sistema miente y manipula. Enerva la ceguera de las masas y su conformismo. Se busca el recogimiento interior y se rehúye a los conflictos en general. Se experimenta una cierta necesidad de cerrar ciclos a nivel interior o con otras personas. Incrementó el afán de deshacerse de cosas que ya no se usan y beneficiar a alguien con ellas. Es evidente la desesperanza en un cambio o transformación real a nivel mundano, pero a la vez se tiene una extraña certeza de que todo va a estar bien que proviene del fondo del corazón y no se alcanza a comprender del todo.

Estos no son todos los síntomas, pero sí los más representativos. Y no, no es un delirio colectivo, una patología o cualquier otra burda justificación por parte del sistema. Esto es el inicio del proceso de regreso a casa. Tu esencia te está llamando. Es como un imán que te está jalando a donde perteneces. De ahí la sensación de hartazgo del mundo, de querer “salir corriendo”. No temas, no estás loco. Y evita caer en la trampa de buscar una explicación mundana a lo que estás sintiendo. Eso no solo obstaculiza el proceso, sino que podría llegar a interrumpirlo de manera temporal o definitiva, ya que cuando te conectas con la mente, desconectas de la conciencia y caes en la trampa de pretender comprender desde la materia algo que se está produciendo en lo sutil.

Conciencia V. S. Mente y materia

En la publicación anterior mencioné que la mente humana está sintiéndose en riesgo. No entiende el proceso en el que nos encontramos, pero de manera instintiva busca preservar la vida. Por lo tanto, detona los mecanismos a su alcance para apegarnos a la experiencia mundana y alejar el peligro de la transmigración del alma (por llamarlo de alguna manera).

Esto explica el motivo por el cual una gran cantidad de personas con los síntomas anteriormente descritos, también están experimentando un fuerte deseo por vivir experiencias placenteras y mundanas, que pueden pasar por el aumento de su apetito sexual, la ilusión por embarcarse en proyectos a largo plazo, un marcado optimismo por el futuro o el apego a los viejos paradigmas, disfrazados o no de Nueva Era. El instinto está peleando por sobrevivir y echa mano de todos sus recursos para sabotear el proceso que se está desarrollando a nivel energético.

Desde otro punto de vista, esto ilustra a perfección la batalla entre la vieja era -lo mundano- y la Nueva Era -lo “espiritual”-. La nueva era impostora de la que hablamos recientemente, se manifiesta en todo aquello que se muestra “espiritual y consciente” solo para que muerdas el anzuelo y termines encadenado a lo mundano.

Esto se soluciona de una manera muy simple: dándose cuenta de la interferencia que está generando la mente, apartarse de la negación y tomando decisiones desde la conciencia. Sin embargo, todo se complica cuando se tiene cerca a alguien que, consciente o inconscientemente, se quiere quedar en la prisión (o sea, la mayoría de las personas que te rodean).

Estas personas, algunas veces sin darse cuenta y otras en conciencia, fungen como “agentes al servicio del sistema”. Su objetivo primario es retener a la mayor cantidad de corazones brillantes, seduciéndolos con experiencias propias del mundo, buscando incrementar la confusión en su interior y atizando el fuego del deseo, la esperanza y la felicidad desde la perspectiva mundana. Para ello se valen de una manipulación obscena de las carencias, deseos insatisfechos, heridas y traumas de sus víctimas, que, inocentemente, caen en una trampa de consecuencias funestas. Las más peligrosas son aquellas que involucran la religión, el uso de sustancias como drogas (naturales o no) y alcohol, y/o la intimidad sexual.

No importa que la persona consciente se mantenga alejada de dogmas religiosos y sustancias. Las personas que tienen estos hábitos son utilizadas por entidades de baja vibración como portales orgánicos. Eso es tan nocivo como vivir junto a un tiradero de desechos tóxicos. Y ni qué decir cuando se tiene intimidad sexual con estos portales. Es abrirle la puerta de par en par a la oscuridad, tanto del cuerpo físico como del energético.

Por supuesto que no todos los casos son tan extremos. Todos estamos rodeados de personas que no ven más allá de su nariz, que nos ven como bichos raros y que nos quieren meter a su mundo. Todos tenemos una mente que nos quiere apegar a este plano. Todos tenemos heridas, carencias y traumas. Por lo tanto, todos estamos en riesgo. En síntesis, el mundo nos quiere retener a como dé lugar y tenemos al enemigo muy cerca, tanto en el entorno como en nuestro interior. Es imprescindible tomar conciencia de ello y actuar en consecuencia. El proceso de transición ya comenzó, puedes sentirlo. ¿Vas a abandonar la carrera estando a metros de llegar a la meta? ¿Qué pensaría de ello el niño que fuiste o todos los humanos que encarnaste antes de la vida actual? Y tu cuerpo energético que lucha por mantenerse encendido a pesar de tu inconsciencia, tu insensibilidad y tu egoísmo, ¿qué diría si lo condenaras a encarnar eternamente en un mundo cada vez más oscuro por culpa de tu inmadurez, tu orgullo e insensatez? Reflexiona. La eternidad está en juego y ya no hay tiempo para seguir auto engañándote. ¿Te vas o te quedas?