Los que escuchan

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A menudo se me acusa de negativo y pesimista por enfocarme demasiado en la parte oscura de la mente humana, de la sociedad, del sistema y de este juego perverso que llamamos vida. El objetivo de mi trabajo no es agradar, sino confrontar la realidad de quien me lee o me escucha a fin de favorecer su toma de conciencia. La gran mayoría se incomoda o se siente ofendida cuando se pone en evidencia su inmadurez y la incongruencia de sus acciones, pero hay unos cuantos que escuchan, interiorizan, reflexionan, eligen y se ponen en acción. No me escuchan a mí, sino a la voz de su conciencia, a su esencia que se manifiesta a través de la intuición. Si bien en mi andar predominan las historias de los que se han perdido en el camino, también sé de personas reales que han sido muy valientes y han logrado tomar las riendas de su destino al transformar su realidad con acciones conscientes. Te comparto un par de historias a fin de inspirarte y motivarte a hacer lo que tienes que hacer para liberarte de las cadenas que te anclan a este plano.

Angino, 35 años. México.

Esta es la historia de un joven simpático y bien parecido. Docente de educación media en una pequeña población del bajío mexicano, una región que ha sido secuestrada por el crimen organizado y presenta signos de descomposición social que aumentan cada día.

Angino tenía muchos amigos, le encantaba andar de fiesta y su mayor debilidad eran la cerveza y las mujeres. Enamoradizo empedernido, un romántico a la antigua que veía una princesa en cada mujer que besaba. Recién instalado en sus treintas, no perdía ocasión para coquetear y conquistar a cuanta chica se le pusiera enfrente, pero a pesar de ser un ojo alegre empedernido, siempre tuvo buen corazón. No era el típico mujeriego que enamoraba a su presa y después de llevarla a la cama se desentendía de ella. Eso no iba con él. Angino es la versión contemporánea de Cyrano de Bergerac. Y me refiero al personaje real, no al de la obra de teatro de Rostand: un poeta que idealiza el amor romántico y ve a su musa en cualquiera que le giñe un ojo.

Este “caballero a la vieja usanza” es docente en una escuela primaria pública de su localidad. Ama su vocación tanto como sus alumnos lo aman a él. Alguna vez llegó a coquetear con la mamá soltera de alguno de ellos sin tener buenos resultados. Como fuera, siempre ha puesto el corazón en su trabajo y en los seres que ama sin importar la especie a la que pertenezcan. Es leal como pocos en este mundo decadente.

A pesar de ello, y como siempre pasa con las personas buenas en este planeta, la vida de Angino ha sido trágica. Desde muy pequeño la vida le mostró su peor cara, pero no fue hasta hace poco tiempo que las tinieblas lo vieron directo a los ojos y le propinaron un golpe con la intención de noquearlo: su mejor amigo fue secuestrado y asesinado junto con las personas con las que realizaba un viaje recreativo. Dejó una viuda y un hijo pequeño.

La noticia fue devastadora para él y caló profundo en su comunidad. La tragedia sucedió poco tiempo después de que había decidido dejar de beber alcohol y moderar sus encuentros sexuales ocasionales. Esa conducta había dejado de tener sentido para él y simplemente decidió poner un alto para explorar otras alternativas.     

Ante una pena tan grande, se antojaba lógico que Angino corriera a refugiarse en el alcohol. Sin embargo, se mantuvo sobrio y firme en su convicción de moderar su manera de beber. En lugar de buscar la fiesta, se acercó a la viuda de su amigo y ambos se brindaron el consuelo y el apoyo que necesitaban para mantenerse a flote. En algún punto comenzó a salir a correr. Rápido se dio cuenta de que activarse físicamente lo mantenía sereno y estable. Comenzó a poner pretextos para no salir de fiesta y pronto sus amigos dejaron de invitarlo. En realidad ellos solo extrañaban al tipo divertido que les presentaba a las muchachas, no a la persona. De vez en cuando lo invitaban a beber para que no estuviera triste, pero nadie le preguntaba si necesitaba algo, si quería platicar o desahogarse. Así, se fue quedando sin amigos. Y no solo eso, sino que además terminó siendo objeto de juicios lapidarios por procurarse una vida más sana y consciente.

Angino pasó una dura prueba, no recayó. Fue capaz de mantener su palabra y enfrentó la situación con firmeza y sobriedad. Se fortaleció una enormidad y como consecuencia recibió otro duro golpe de la vida: terminó enamorándose de la viuda de su amigo. Evitó dar rienda suelta a sus sentimientos por respeto a la memoria del finado y a la imagen de la viuda en su comunidad, hasta que llegó el día en que ella le expresó su cariño e interés de ir más allá de una simple amistad. Para él representó una enorme alegría, pero no se dejó llevar por sus impulsos. Le propuso que fueran poco a poco para evitar las habladurías e impedir que las ansias contaminaran eso tan bonito y genuino que estaba surgiendo entre ellos.

Así fue hasta que llegó el día del aniversario de la muerte de su amigo. Angino estaba muy triste y sentía ganas de salir a beber. En su lugar prefirió ir a buscar a su compañera de dolor. Supuso que también ella estaría pasándola mal y les vendría bien acompañarse. No obstante, la vida tenía otros planes para esa noche: cuando llegó a buscarla la encontró con otro hombre al que presentó como su novio.

Un año después, el mismo día, recibía otro golpe devastador que lo invitaba a regresar a sus antiguos hábitos de una manera que cualquiera hubiera justificado, empezando por su mente que le exigía evadirse de la realidad. Pero esa noche volvió a ganarse otra batalla y se colgó del pecho otra medalla, de esas que hacen brillar el corazón. Regresó a su casa y lloró durante horas. Se permitió sentir tristeza, enojo y una amarga frustración. Como pudo, escupió ese veneno y reafirmó su convicción de mantenerse sobrio y sin buscar involucrarse con alguien por despecho.

Desde entonces Angino se mantiene firme en su nuevo estilo de vida, pero no ha sido fácil para él. A veces se siente incomprendido, muy triste y solo en un entorno en el que cada día encaja menos. De pronto reciente el peso de haber tomado conciencia y quisiera nunca haber despertado, pero la mayor parte del tiempo se siente bien consigo mismo y las decisiones que ha tomado. A pesar de lo difícil que es la vida para quien decide vivirla en orden, no se arrepiente de haberse alejado de las personas que no comulgaban con sus valores y que no respetaban los cambios que realizó en su vida. Hoy Angino sigue siendo un muy buen partido para muchas, pero tiene claro que solo abrirá su corazón a aquella persona que comparta sus valores y, como él, trabaje duro en su interior. “Eso es el verdadero amor”, dice Angino, el guerrero del bajío.

Olaf, 26 años. Suecia.

Olaf fue criado por su abuela. Sus padres, muy a la escandinava, nunca le dieron atención por atender sus prósperas carreras profesionales. Como sucede a menudo, cuando era pequeño Olaf interpretó que sus padres no lo querían porque estaban decepcionados de él. Por más que se esforzaba en llamar su atención, nunca era suficiente y creció creyendo que jamás alcanzaría las expectativas de nadie.

Cuando llegó a la adolescencia comenzaron las fiestas, el alcohol y las primeras drogas. Para entonces ya vivía con la abuela que pronto se vería rebasada por la situación. Aquel joven inquieto se salió de control y se metió en toda clase de problemas. “Son cosas de chicos”, respondían sus padres cuando la abuela les llamaba para pedirles ayuda. Se limitaban a mandarle una buena suma de dinero, pero no se involucraban en la crianza de su hijo.   

A pesar de todo, Olaf logró ingresar a la universidad. La abuela pensó que esta nueva etapa ayudaría a su nieto a sentar cabeza, pero sucedió lo contrario. En la primera clase Olaf conoció a Sven, un chico de clase privilegiada que no sabía de límites y muy pronto lo introdujo al infierno de las drogas duras y el sexo desenfrenado.

Olaf comenzó a participar en orgías y a consumir todo tipo de sustancias que lo tenían fuera de la realidad la mayor parte del tiempo. Terminó dejando la universidad y también la casa de su abuela. Se mudó con Sven y con ello dio el paso a un nuevo nivel de perdición y promiscuidad. Hasta que inició la pandemia y todo cambió.

El confinamiento provocó que cerraran temporalmente los lugares donde hacían las fiestas. El gobierno prohibió por un tiempo las reuniones en casas particulares y su estilo de vida se vio afectado. Aún así se las arreglaron para encontrar fiestas donde perderse en sustancias y en encuentros sexuales en un cuarto oscuro. Sin embargo, los períodos de abstinencia eran más largos y esto obligaba a Olaf a estar dentro de su piel sin anestesia. No le gustaba lo que sentía. La ansiedad que le provocaba estar consigo mismo era insoportable. Y, aunque por lo general terminaba recurriendo a cualquier sustancia que pudiera conseguir para volver a anestesiarse, intentaba hacer frente a sus demonios interiores.

Un día, Sven comenzó a presentar síntomas de coronavirus y resultó positivo en las pruebas que le aplicaron. No lo hospitalizaron, lo mandaron a su casa con un tratamiento supervisado por el personal sanitario del servicio público. Un par de semanas después del diagnóstico, Olaf lo encontró muerto en su cama. Su sistema inmune era muy frágil por el estilo de vida que llevaba. Una noche se quedó dormido y nunca más despertó.

Olaf entró en shock con este evento. De golpe tomó conciencia del daño que se estaba haciendo y entró en pánico al ver las consecuencias de una vida desenfrenada. Cayó en depresión y comenzó una lucha interna entre su personalidad autodestructiva y su conciencia. La soledad del aislamiento combinada con las crisis de abstinencia eran una bomba de tiempo.  Sin embargo, dedicaba una parte del día a informarse sobre el funcionamiento de la mente y el manejo de adicciones. Su necesidad de comprender lo que le estaba sucediendo se convirtió en una obsesión. Pronto se daría cuenta de que sus adicciones eran solo el síntoma de un problema añejo y mucho más profundo. Al hacerse consciente de su herida de abandono se desplomó su frágil estabilidad emocional. “Sin querer” abrió la caja de pandora y comenzaron a salir los fantasmas del pasado sin freno alguno, y peor aún, esta vez sin anestesia.

La ansiedad aumentó a un nivel inmanejable y un día decidió poner fin al sufrimiento. Tomó un cuchillo y realizó varios cortes en su muñeca izquierda. Cuando comenzó a sangrar se paralizó por el miedo y dejó caer el cuchillo. El ruido de una sirena que sonó afuera del edificio donde se encontraba lo hizo recuperar la conciencia. Se vendó la muñeca y salió corriendo al hospital donde recibió atención médica para detener la hemorragia. Afortunadamente para él, los cortes eran más o menos superficiales y no provocaron un daño mayor. Horas más tarde y aún bajo observación médica, decidió buscar ayuda profesional y comenzó a tomar terapia en cuanto levantaron las restricciones por la pandemia.

De las primeras cosas que hizo al poder salir a la calle, fue ir a buscar a su abuela. Sentía la necesidad de pedirle perdón y agradecerle el amor y los cuidados que le dio, pero, sobre todo, quería darle la satisfacción de verlo reformado. Para ella, el mejor regalo que pudo hacerle la vida fue abrazar a Olaf y verlo tan decidido a sanar sus heridas y transformar su vida. Se frecuentaron durante un tiempo hasta que a ella le llegó el momento de dejar el cuerpo. La muerte de su abuela fue un duro golpe para Olaf, pero no devastador. Ahora contaba con recursos internos para manejar esa pérdida y el apoyo profesional adecuado para trascenderla en lugar de anestesiarla.

A la fecha, Olaf no ha vuelto a consumir drogas y redujo de manera considerable su consumo de alcohol. Solo ha bebido para brindar en algún evento importante, pero no ha vuelto a emborracharse. Tampoco ha vuelto a involucrarse sexualmente con nadie. En algún momento le gustaría tener una pareja estable, pero de momento, está buscando esa estabilidad en sí mismo y le ayuda mantenerse alejado de conductas que antes usó para autodestruirse.

Olaf es consciente de que el mundo es un lugar hostil, pero que depende de él convertirlo en un infierno o en una oportunidad para rencontrarse consigo mismo entre tanta mierda. Por lo tanto, se mantiene lejos de las personas del pasado y no permite que se acerquen otras nuevas de características similares. Sabe que el mal está siempre al acecho, pero en él está no dejarlo entrar en su vida y en su corazón.

Postdata

Más allá de que te identifiques o no con estas personas y sus historias, lo importante es que te visualices en su proceso de toma de conciencia: las duras e inevitables pruebas que se presentan cuando decides ir en contra de tu mente y la programación que te ata a este plano. La fuerza de voluntad inquebrantable y el compromiso indispensable para mantenerse leal a sí mismo. Las dolorosas y constantes renuncias obligadas para mantener el corazón iluminado. La incesante lucha cotidiana contra los demonios internos y la interferencia de la oscuridad en todas las áreas de la vida. La convicción de vivir de acuerdo con los valores de la propia esencia más allá de las inevitables consecuencias que esto tiene en lo mundano, pero, sobre todo, no caer en justificaciones y victimizaciones absurdas cada que aparecen el dolor y el cansancio ante los retos que hay que superar para mantener el corazón iluminado entre tanta oscuridad.

Cada uno sabe cuáles son los demonios internos a los que debe derrotar para lograr salir de aquí. El mundo no es más que una proyección de esos demonios y es preciso tomar acción inmediata para no perder la última oportunidad de liberarse. La clave está en vivir en congruencia con lo que se es y confiar en que fuera de aquí todo el esfuerzo realizado tendrá su recompensa.