Los “nuevos” paradigmas

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El caos actual es solo el principio de la transformación que está viviendo el mundo. Cada luz que se ensombrece representa un paso más rumbo a la nueva realidad planetaria. La élite oscura ha empleado cuidadosamente el discurso de la nueva era. No se peleó con él ni lo censuró, sino que lo tergiversó y lo puso a su servicio (como hace con todo). Por consiguiente, la civilización actual debe ser destruida para que resurja de sus cenizas una nueva, no mejor que la anterior, sino completamente en tinieblas. Esto no quiere decir que los cuatro paradigmas que la rigen vayan a cambiar, solo se están transformando para adaptarse a los tiempos de la nueva tiranía oscura.

1. Política de partido único.

La política al estilo de las democracias de occidente dejará de existir. Tantos escándalos de corrupción y abuso de poder que se destapan en la actualidad, tienen la finalidad de asquear a la población mundial para que deje de creer en las autoridades y debilitar el andamiaje que sostenía a los otrora estados “libres y soberanos”. Sin importar el partido y la ideología a la que pertenecen, están sacando a los políticos toda la mierda que guardan debajo del tapete, exhiben su ineficiencia, su incongruencia, su ignorancia y el cinismo con el que mienten todos los días. Poco a poco la ciudadanía se fue quedando sin opciones y ya no tiene alternativas a las cuales recurrir en las siguientes elecciones. La democracia terminó autodestruyéndose y un gobierno mundial despótico al estilo chino viene en camino.

La política global estará centralizada en la ONU que ejecutará un programa de gobierno único a través de sus secretarías o ministerios en diferentes menesteres: el Banco Mundial, la OMS, la FAO, la UNESCO, etcétera. El mundo estará dividido en cinco regiones o estados que dependerán del gobierno central. Nada de democracia, un solo partido y un líder supremo (la cara visible del sistema) que dictarán leyes y normas que deberán acatarse en todo el planeta.

Si alguien considera que esto es conspiración, que revise el acuerdo en materia de pandemias que 192 países firmaron el 1º de marzo de 2022 en el cual otorgan poder constitucional a la OMS para el manejo de futuras crisis sanitarias. A partir del 1º de marzo de 2022, la Organización Mundial de la Salud dejará de emitir recomendaciones, ahora dará órdenes a los gobiernos de cada país firmante de este tratado. La soberanía en materia de salud desapareció y esto solo es el principio. En un futuro no muy lejano, lo mismo pasará en materia de economía, educación, cultura, medio ambiente y recursos naturales, alimentación, etcétera. Los pasos hacia el gobierno mundial avanzan sin que nada ni nadie pueda detenerlos.

2. Economía digital.

Existen pocas herramientas tan poderosas para el control de la población mundial como la economía. Por supuesto que ésta no desaparecerá, solo se modernizará. El formato del dinero será digital, al igual que las divisas, la banca tradicional, el comercio local, las transacciones internacionales y toda actividad económica. El trabajo, eslabón clave en la economía tal y como la conocemos, también cambiará mucho debido al desarrollo tecnológico. La automatización de los procesos y de la sociedad misma, dará pie a la desaparición de una gran cantidad de fuentes de empleo. Las máquinas harán el trabajo que realizaba el ser humano. Por lo tanto, existirá una pensión universal otorgada por el estado para que la población cubra sus necesidades básicas y poco más. Las plazas de trabajo como las conocemos estarán extremadamente reguladas y demandadas, por lo que la mayor parte de la población tendrá que conformarse con la dádiva gubernamental.

Esto ya puede verse en todos lados. El dinero en efectivo está desapareciendo y cada día toman más fuerza las criptodivisas. La banca desaparecerá y todo se manejará de manera digital. El gobierno tendrá un control absoluto de los ingresos y los gastos de la población. La recaudación fiscal será implacable. Las deudas le quitarán “derechos” a la población (si es que todavía queda alguno) hasta que pague lo que debe. Habrá una política económica y financiera única dictada por el Banco Mundial, que será aplicada y gestionada por los bancos centrales locales. Quizás exista una divisa única para todo el mundo, o quizás cada una de las cinco regiones tenga la suya. Eso será lo de menos, ninguna estará respaldada en nada, serán solo cifras en una mega computadora a merced del gobierno mundial. Todo esto llegará con el “gran reinicio” que propuso el Fondo Económico Mundial.

El famoso “no tendrás nada y serás feliz”, es el mantra de la futura dictadura económica de corte comunista (a la china) que impondrán al mundo. Desde 2008 se comenzó a responsabilizar la población del primer mundo por la crisis inmobiliaria. En España se acusó de “ambiciosos y egoístas” a quienes aceptaron los créditos que la banca regalaba a mansalva. Poco después, surgieron líderes populistas que fortalecieron este discurso con declaraciones patéticas y muy malintencionadas. Por ejemplo, Bergoglio sentenciaría que “el dinero es el estiércol del diablo”, mientras que los presidentes progresistas y aquellos surgidos del seno del Foro de Sao Paolo, comenzarían una campaña de satanización al progreso y descalificación permanente de todo aquel que no sea pobre. Tener algo equivale a ser malo. Los malos están en contra del pueblo bueno, por lo tanto, son los responsables de la desigualdad, el dolor y el sufrimiento de las clases menos favorecidas. Eso los convierte en el enemigo a vencer. Esta monstruosa lógica ha dejado una huella profunda en el inconsciente colectivo que sostendrá los principios de la nueva economía comunista.

Dentro de poco reventará la peor crisis económica y financiera que se haya visto jamás. Millones de personas perderán sus ahorros, sus propiedades no valdrán nada, no habrá dinero para pagar pensiones y la población quedará sumida en la miseria. Como en toda dictadura, habrá una élite en el poder que mantendrá sus privilegios. El resto quedará a merced de la pensión universal y, en efecto, no tendrá nada, aunque dudo mucho que vayan a ser felices.

3. La ciencia: el nuevo dios.

Ya lo vimos durante la pandemia: la ciencia al servicio del poder –que no de la humanidad–, impuso su verdad a la población y arbitrariamente determinó las causas y soluciones del “problema”. Quien se atrevió a desafiar el dogma científico terminó censurado, difamado, perseguido o suicidado (o todas las anteriores).

Así como en la Edad Media la realidad se interpretaba a través del discurso religioso, en el mundo contemporáneo la ciencia se erige como el nuevo dios y las redes sociales como el tribunal inquisidor que condena a todo aquel que tiene un criterio propio.

La ciencia no tendría el poder que tiene si no fuera por la tecnológica. Ésta será la piedra angular del nuevo mundo. Ya podemos verlo en todo lo que nos rodea, pero dentro de poco la humanidad estará sumida en una realidad virtual: el metaverso, una matrix dentro de la matrix de la matrix.

Aunque la joya de la corona será incorporar la tecnología en la estructura humana. El transhumanismo promete crear un súper humano que no se enferme, que viva diez veces más de lo que vive ahora, que no tenga emociones “negativas”, pensamientos “impropios” y conductas “inadecuadas”. Se le programará con un sistema de “valores universales” para evitar que vuelva a crear un caos como el actual que pondrá al planeta y sus habitantes al filo de la extinción. En otras palabras, el mundo estará poblado por zombis robotizados que serán programados con los principios y valores de la oscuridad. No habrá más un pensamiento propio ni el mínimo atisbo de criterio que rebase los parámetros determinados por el sistema.

Un buen comienzo fueron las inyecciones. El ADN del ser humano está siendo modificado para aceptar las incorporaciones tecnológicas que se vienen.  Esto avanzará poco a poco hasta tener integradas al cuerpo todas las funciones que tiene un teléfono celular actual. Y más, mucho más en un mediano plazo. 

4. La new age sustituirá a la religión institucionalizada

Habrá un magno evento que producirá el cisma final que devastará la iglesia católica, en tanto el judaísmo y el islam se autodestruyen entre sí. Las religiones –en particular las monoteístas y todas sus ramificaciones– serán consideradas primitivas, generadoras de idolatría y causantes de la división que tanto dañó a la especie humana durante siglos. Además, el estado comunista es ateo y prohíbe todo tipo de creencias paganas. La ciencia será el dios imperante, pero la “espiritualidad” tendrá un espacio en esta descafeinada nueva era.

Para nadie es secreto que un “mesías aparecerá en los cielos” y con ello se dará por instaurado el nuevo régimen que gobernará la Tierra por siempre. Su mensaje será simple: “las instituciones del pasado llevaron al mundo al caos y su autodestrucción. Por lo tanto, las cosas serán diferentes en todos los sentidos. En particular, las religiones no sirven de nada, solo son fuente de división y fanatismo (para ese momento, a nadie le cabrá la menor duda de ello), y ya no caben en el nuevo mundo.” De manera que exhortará a vivir la espiritualidad con los principios que hoy defiende la new age: una espiritualidad anti espiritual diseñada para párvulos que terminan siendo parasitados por entidades de la más baja vibración que se hace pasar por maestros ascendidos e iluminados. Éstos son “canalizados” por gurús respaldados por una industria que produce a manos llenas contenidos basura, a fin de manipular a las masas y mantener viva su esperanza en un futuro mejor.   

Para el sistema es muy importante, contar con esta herramienta de control y manipulación, incluso, cuando la población esté conformada por zombis robotizados. Es necesario “humanizarlos” y para ello es necesario hacerlos creer en seres superiores, en una fuente de energía de la que proviene todo lo que existe y todas esas pavadas. Pero, sobre todo, dota al Estado tiránico de un aura de divinidad desde el momento en que el mismísimo mesías, el hijo de dios, es quien dicta las bases y normas desde las que el nuevo mundo debe ser gestionado para vivir bajo los designios de su padre celestial. Quien se rebele no solo estará plantando cara a la sociedad y al estado, sino a la divinidad. Por lo tanto, será tratado como una de las semillas con las que el “maligno” quiere contaminar el nuevo mundo. 

En resumen

Mucho hay que hablar del nuevo mundo y sus “nuevos” paradigmas. Estoy seguro de que tú has percibido muchas cosas más que las mencionadas en esta publicación, cuyo fin era mostrar el hilo para que cada uno lo jale y construya su propia idea de futuro. Puedes estar seguro de que nos quedaremos cortos ante una realidad que promete ser aterradora: un pensamiento único gestionado por un gobierno mundial tirano e intrusivo, el control absoluto de la humanidad y la sociedad a través de la tecnología, una vida miserable que no tiene un límite entre lo real y lo virtual, la descomposición total de los valores disfrazada en discursos progresistas y renovadores, pobreza y carencia generalizadas…

No me cansaré de decirlo: no hay marcha atrás, esto es inevitable. Lo único alternativa que te queda es no identificarte con un mundo en estas condiciones y decidirte a hacer lo que tengas que hacer para salir de aquí cuando te llegue el momento. No lo dejes para después, el futuro es aterrador y cada día está más cerca.