La otra cara de la conciencia (parte 2 de 2)

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Quien vive en conciencia sufre. Esa es una máxima en este plano de la que pocos están conscientes y cuesta mucho trabajo aceptar, ya que al hacerlo se está atentando contra las creencias y condicionamientos con los que somos programados en este plano.

Por lo general se comienza un proceso de desarrollo interior con el objetivo de resolver los problemas y eliminar los obstáculos que impiden tener una mejor vida. Se tiene la idea de que el trabajo debe traer progreso y bienestar, ya sea en lo profesional, lo familiar, lo económico, lo sentimental o en el área de la salud. Y el trabajo interior no es la excepción. Incluso es precisamente en éste en el que se ponen las expectativas más altas, porque en teoría, es el que debería traer mayores beneficios. Lamentablemente no es así. No en el mundo de hoy.

Imagina que el mundo actual es una habitación cada vez más oscura. Si en ese espacio aparece una luciérnaga se nota con gran facilidad y molesta con su luz -por pequeña que sea- a aquellas entidades que llevan siglos trabajando para erradicar por completo la luz de este plano. Cuando la luciérnaga trabaja interiormente, su luz es cada vez mayor e ilumina más. A determinado nivel de vibración se encienden las sirenas de alerta que ponen en marcha un operativo diseñado a la medida de las heridas y carencias de la luciérnaga en cuestión, a fin de opacar su brillo y apagarla hasta donde les sea posible tomar el control de su voluntad y no pueda librarse de ellos nunca más.

Existen dos vías para apagar la luz de una persona: por la buena o por la mala. Ambas son malas, claro, pero con la primera te seducen con lo que siempre has deseado para atraparte en la red de lo mundano, mientras que con la segunda buscan dar un golpe en la mesa para mostrar su poder y alejarte del trabajo interior desilusionado y frustrado.

No hay persona que no haya experimentado estos dos tipos de ataque en cuanto comienza a despertar su conciencia. A veces se presenta una forma antes que la otra, pero ya es muy común que se presentan a la vez. Depende del sapo la pedrada.

Comenzaré por la segunda y la más común: bloquear, obstaculizar e interferir en tu realidad para que comiences a perder lo que tenías y a dejar de tener logros significativos para ti. Hay quien pierde el trabajo para no tener dinero para pagar la terapia o los cursos de desarrollo interior que comenzaron a despertar su conciencia. Es muy común que el entorno comience a descalificar tus esfuerzos y a tratar de alejarte de las actividades o personas que te hacen brillar, crecer, ser libre. Averías, robos, enfermedades, muertes de seres queridos, traiciones y rachas de “mala suerte” comienzan a ser una constante hasta que, preso de la impotencia y frustración, terminas mandándolo todo al carajo y quedándote donde estabas a merced de quien no quiere que tomes conciencia de la realidad y de ti mismo.

No obstante, la forma más efectiva de alejarte de tu toma de conciencia es seducirte con el canto de las sirenas. Nadie conoce tan bien tus heridas como quien las creó. Incluso más que tú mismo. De ahí que la oscuridad sabe muy bien qué situaciones crear a tu alrededor para ofrecerte lo que siempre te ha hecho falta. Es así como de pronto comienzan a presentarse oportunidades maravillosas que son difíciles de rechazar. Todas ellas al principio son perfectas, sin mácula. Y por supuesto que cualquiera piensa que son una consecuencia de su trabajo interior. El problema es que cuando alguien comienza a trabajar con su conciencia aun es débil e ignorante. Debe caminar y tropezarse muchas veces antes de comenzar a identificar las situaciones que son fruto de su trabajo y las que son una trampa.

Una vez que muerdes el anzuelo, todo aquello que parecía ser maravilloso -la novia, el trabajo, el hijo, la herencia, la salud, etc.- comienza a mostrar su verdadera cara, su naturaleza oscura. Y cuando empiezas a reaccionar ya estás atrapado en la tela de araña con una viuda negra encima que, literalmente, está dispuesta a hacer lo que sea para no dejarte ir. Poco a poco pierdes tu brillo, tu fuerza, tu tamaño, tu confianza… Sin darte cuenta bebiste un veneno que fue carcomiéndote por dentro. Poco a poco fue minando tus recursos, destruyendo tu auto concepto, distorsionando tu concepción de la realidad, metiéndote en una dinámica de inestabilidad y desconfianza permanentes. Y mientras hacen todo eso te endulzan el oído diciéndote lo que quieres escuchar, alimentando tu ego, haciéndote responsable de su conducta oscura, generándote culpa y manipulándote a través del chantaje. No es imposible liberarse de una situación así, pero sí es bastante complicado y recuperarse suele llevar bastante tiempo. Considerando que en cualquier momento se puede presentar la oportunidad de escapar de la prisión y que necesitamos estar lo más fuertes que se pueda para lograrlo, resultaría un suicidio dejarse seducir por el canto de las sirenas. Este no es el principio de la temporada, no podemos perder partidos confiando en que todavía hay muchos por delante para recuperarnos. Estamos jugando los tiempos extra de la gran final. Un error te cuesta el partido y el campeonato. Por una decisión tomada desde la inconsciencia puedes echar por la borda lo logrado hasta ahora y firmar tu cadena perpetua. Es tu libertad, la auténtica, lo que está en riesgo. ¿En cuánto la estás vendiendo?