¿Existe el karma?

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Es por todos conocido que existen leyes que rigen el universo. Una de ellas –quizás de las más famosas y de las menos comprendidas–, es la ley del karma o Ley de Causa y Efecto. Como su nombre lo indica, a toda acción corresponde una consecuencia proporcional a la intención con la que se realizó. Este concepto no es difícil de comprender, pero es necesario reinterpretarlo, ya que las religiones y la new age lo tergiversaron y descafeinaron terriblemente con el paso del tiempo. Incluso, en la segunda mitad del siglo pasado, lo popularizaron a nivel mundial bajo la deformación del término karma: una palabra en sánscrito que aparece en textos budistas e hinduistas, cuya interpretación popular dista mucho de lo que en realidad significa la auténtica Ley de Causa y Efecto. El propósito de esta publicación es conocerla mejor y entenderla más a fondo para favorecer tu regreso a casa.

¿Existe el karma?

La respuesta es: sí, pero solo en este plano. El karma es una invención de las entidades que gobiernan el planeta para perpetuar el perverso juego de la reencarnación, donde los humanos somos equivalentes a un bistec que, cada vez que se lo comen, vuelve a aparecer en su plato, pero más grande y jugoso que el anterior.

Recordemos que nuestro cuerpo energético de la cuarta dimensión (esa versión tuya a la que se le llama alma, de la cual se desprendieron todos los seres humanos que has encarnado desde que llegaste aquí), ha estado vinculado a nivel energético a un ser que le impusieron como su guía, que se ha encargado de determinar tu destino en cada encarnación, así como de evaluar su comportamiento y desempeño cada vez que mueren. En publicaciones anteriores he compartido ejemplos reales del juicio que realizan estas entidades y los decretos que se derivan del mismo, así como el impacto negativo que tienen en la configuración de las siguientes encarnaciones. (Puedes consultarlos haciendo click aquí y aquí.)

Pues bien, la ley de causa y efecto fue la base perfecta para establecer esta dinámica. Como siempre hacen, toman una verdad, la tergiversan, luego la diluyen y sobre esto crean un mito que termina convirtiéndose en una nueva verdad. El conjunto de “nuevas verdades” conforma el sistema operativo que rige todo lo que sucede en este plano.

De manera que, las entidades que supuestamente “guían tu experiencia terrenal para que le saques más provecho a la experiencia” (palabras reales), se erigen como el juez que determina si las obras que realizaste en vida fueron buenas o malas, y con base en ello, dicta la sentencia con la que deberás pagar el karma que acumulaste con tus supuestas faltas: vivirás situaciones particulares (siempre negativas) en determinados entornos (siempre adversos), que te llevarán a cumplir un destino (fatal) del que siempre saldrán beneficiadas con tu dolor y sufrimiento. Esto ha sido así encarnación tras encarnación y no terminará jamás, salvo que te decidas a salir de la prisión y hagas lo que tengas que hacer para lograrlo. Pero recuerda: si no es en esta encarnación, puedes despedirte de cualquier posibilidad futura.

¿Y la justicia universal?

Como puedes ver, la ley del karma, tal y como la predican los gurús de la new age, solo funciona cuando hay un juez que determina si tus acciones fueron buenas o malas. Es exactamente el mismo patrón que siguen las religiones desde tiempos inmemoriales, donde un ser o un conjunto de seres evalúan tus obras y te premian o te castigan de acuerdo a la calidad de las mismas. Y es tan perversa su narrativa filosófico-religiosa, que, aunque lo hagas todo perfecto y alcances ese tan pretendido estado de “iluminación” (algo que técnicamente resulta imposible), te quedarás en este plano (ya sea a nivel físico o energético) a guiar a los demás para que alcancen el mismo nivel evolutivo que tú.

Esto no solo es demente, ¡sino tremendamente cínico! Las masas se creen este cuento y lo vuelven un paradigma rector de su realidad, cuando a todas luces este discurso deja ver la cruel verdad que se niegan a aceptar: de este planeta no sale nadie porque las entidades que lo gobiernan no lo permiten jamás. No se trata de obrar bien para merecerlo. Ningún esclavo ha sido liberado nunca por ser un buen esclavo. Esto es una tiranía donde ellos ponen las reglas y la humanidad las obedece. O, dicho de otra forma, ellos son el depredador y nosotros la comida. Nunca jamás nadie “se ganará” el derecho de salir de aquí.

Me atrevo a afirmar esto porque en más de una ocasión he escuchado a esos bichos decir “no sufriste demasiado”, “te recuperaste muy rápido” o “fuiste demasiado bueno e impediste que las personas que ayudaste se hicieran responsables de sí mismas, por lo tanto, tendrás que aprender a no entrometerte en la vida de los demás.” Ya imaginarás cómo les fue en la siguiente encarnación (o en las subsecuentes).

Estas entidades crearon al ser humano para alimentarse de su energía, pero también para alimentar su inmenso ego. Por ello, no toleran la desobediencia y las conductas que las haga sentir que están perdiendo poder y control sobre su creación. Aunque cabe mencionar que experimentan cierto placer cuando nos rebelamos y luchamos por liberarnos, ya que con eso le damos sabor al caldo. La recompensa para su ego no es la misma cuando su rival no representa ningún reto, que cuando es un guerrero fuerte y valiente. Derrotar y someter a uno de estos los hace ver superiores, aunque son tan cobardes que nunca se enfrentan a nadie en igualdad de circunstancias, siempre lo hacen desde la sombra y a base de engaños como el que estamos abordando en esta publicación.

Lo anterior no quiere decir que no podamos salir de aquí. Por supuesto que se puede, pero las dos vías disponibles (de las que hablaremos en la siguiente publicación), nada tienen que ver con la acumulación de buenas obras, la iluminación (cualquier cosa que eso signifique a estas alturas), un masivo despertar de conciencia, la Era de Acuario, y, mucho menos, el heroico rescate de seres sobrenaturales. Eso depende de exclusivamente de cada quien. De ahí la importancia de conocer y aplicar un concepto tan útil como la Ley de Causa y Efecto.

Todo es cuestión de energía

Como ya hemos hablado hasta el cansancio en este espacio, en el universo coexisten la luz y la oscuridad. Todo ser, independientemente de la fuente de la cual provenga, tiene libertad de obrar desde el amor o desde la oscuridad. Es así como todo acto de amor produce un aumento de vibración en la energía del ser que lo realizó, como también todo acto de oscuridad, indefectiblemente, baja la vibración de quien lo ejecutó. Por lo tanto, podemos inferir que el efecto más importante de toda causa, es energético. Una mayor cantidad de obras de amor, fortalece la energía de amor en el ser que las efectúa, y viceversa.

Visto desde aquí, esta puede ser una de las causas por las cuales los grandes maestros y avatares que han pisado este planeta –ejemplo de un obrar congruente y amoroso–, se les describa como “seres luminosos”. Su energía brilla tanto que la perciben hasta los ojos más cerrados. De igual forma que los seres perversos son percibidos como opacos, lúgubres, vacíos. El brillo y la fuerza de su energía es proporcional a la intención, buena o mala, de sus acciones; no a las acciones en sí mismas.

Y es que una persona puede ayudar a otra, pero si lo hace desde la posición de superioridad propia del ego, buscando reconocimiento y prestigio, o motivada por el egoísmo; la energía que hay en su intención es de oscuridad, por lo tanto, sus acciones terminan alimentando y fortaleciendo su energía de baja vibración. Más allá de la obra, la intención fue lo que, a la postre, determinó su realidad.

No es que obres bien y te vaya bien, es que tu conducta positiva genera energía positiva, y ésta crea una realidad positiva. Lo mismo pasa con la negativa, por supuesto. Tus buenas obras fortalecen tu energía, expanden tu conciencia y crean un entorno favorable, incluso, en una atmósfera tan densa y oscura como la que prolifera en el planeta en estos tiempos.

Una herramienta práctica

Una manera sencilla para tomar conciencia de la energía que producen tus acciones es preguntarte “desde dónde” y “para qué” haces tal cosa o tomas determinada decisión. La respuesta a estas preguntas debe ser honesta, desde la conciencia y desde el amor, ya que responder desde la mente solo sirve para encontrar justificaciones racionales para elegir lo que quieres, lo que produce más placer, lo que te conviene, lo que te resulta más cómodo y fácil; pero nunca lo correcto.

Las respuestas que debes considerar a la pregunta “desde dónde”, son emociones y estados de conciencia del tipo “desde el miedo”, “desde el resentimiento”, “desde el amor a mí mismo”, “desde la frustración”, “desde la comodidad”, “desde el ego”, etcétera.

Por otro lado, en la pregunta “para qué” debes evitar caer en la trampa del ego y responder como si te estuvieras preguntando “por qué”. No obtienes la misma respuesta cuando te preguntas “¿por qué quiero salir de fiesta esta noche?”, que cuando te preguntas “¿para qué quiero salir de fiesta esta noche?” En el primer caso, las respuestas aparecerán en función del placer que obtendrás: porque me voy a divertir mucho, porque va a estar la persona que me gusta, porque van a ir todos mis amigos, porque tengo antojo de tomar, en fin, puras cosas mundanas. Pero si te preguntas “¿para qué”, las respuestas te mostrarán motivaciones más profundas y hasta inconscientes: quiero salir de fiesta para no sentirme solo, para sentirme aceptado, para tomarme esas cervezas que me quitan la ansiedad, para relajarme, para evadirme de ese problema que no sé cómo resolver, etcétera.

De tal manera, definir el “para qué” te ayuda a ver “desde dónde” estás decidiendo y obrando.

Conclusión

La Ley de Causa y Efecto abarca mucho más de lo que popularmente se entiende por karma. Más allá de las consecuencias de las acciones que emprendas, es la definición de lo que eres. Quien obra desde el amor, es amor. Quien lo hace desde la oscuridad, aunque jure y perjure que lo hace desde el amor, es oscuridad. La conciencia debe ser la guía en cada decisión que tomes. Analizar la intención es clave para calcular las consecuencias de tus acciones. Descubrir las motivaciones inconscientes de tu conducta, es un indicador de lo que hay que trabajar interiormente para continuar creciendo y fortaleciendo. Elegir la alternativa que te presenta el amor –aunque no sea la más cómoda ni la que te conviene–, no solo es sinónimo de madurez y de un fuerte compromiso contigo mismo, sino que además te planta bien firme en tu esencia y garantiza que tu realidad sea proporcional a lo que eres y lo que haces. Quien elige desde el amor, vive en amor y, por lo tanto, es amor. No existe oscuridad que apague esa luz.