¿El mal pagará por sus acciones?

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En estos tiempos, los ministros religiosos y los gurús de la new age están desatados cacareando que la Era de Acuario llegó para derrocar al sistema decadente y terminar con el mal en el planeta por, al menos, los próximos mil años. Lo que resulta aún más patético es que lanzan aleluyas mientras ladran que los demonios que llevaron a la Tierra a este caos, pronto pagarán por sus actos. Se hará justicia y se retorcerán en el infierno más ardiente o tendrán encarnaciones donde paguen por todas y cada una de sus perversas acciones en contra de la humanidad, el planeta y todo ser viviente. No tengo duda de que a la mayoría nos encantaría que eso sucediera, pero, lamentablemente, ese día jamás llegará. 

Como ya hemos visto, para que exista un premio o un castigo, es necesaria la figura de un juez que califique las acciones de todo ser vivo en todo tiempo, espacio, plano y dimensión. Siendo francos, tal cosa no existe en el universo (o multiversos, si así lo prefieres). Esa figura únicamente existe en planetas como este: los gobernados por la oscuridad.

Ya hemos hablado de las entidades oscuras que se hacen pasar por guías y determinan las condiciones en las que se dará cada una de tus encarnaciones. Ellas son quienes califican tu desempeño después de cada una de ellas. Lo cual quiere decir que la oscuridad es juez y parte: estas entidades primero te mandan al mundo con la consigna de sufrir y, pase lo que pase, siempre terminan castigándote para que regreses de nuevo al mundo a seguir sufriendo. Esto genera la energía de baja vibración que las alimenta y fortalece.

Te preguntarás, ¿y ellas a quién le rinden cuentas? A nadie que no sean sus superiores. No hay un ser o una entidad en el universo cuya función sea llamarlas a cuentas e impartir justicia. Todo funciona a base de energía y vibración.

Recuerda que son una tomada de pelo esas ideas de la totalidad, del todos somos uno y que fuera de este plano todo es color de rosa. La realidad es que existen dos fuentes generadoras de energía, dos grandes reactores de los cuales provienen, la luz, por un lado, y por el otro la oscuridad.

Los seres de luz tienen determinadas características y su conducta se basa en el amor. Contrario a los seres de oscuridad, que obran desde el ego. (A estas alturas, considero innecesario detenerme a explicar a detalle las diferencias entre ambos.) Las obras que se realizan desde el amor producen energía de alta vibración, mientras que las acciones que se realizan desde la oscuridad producen energía de baja vibración.

Básicamente, el bien hace el bien y el mal hace el mal. Pero ambos tienen la opción de hacer lo contrario, los malos tienen la facultad de hacer el bien y los buenos de hacer el mal. Esa es la magia del libre albedrío que existe en el universo. Nada ni nadie te impide experimentar lo que desees. Pero eso sí, tus acciones tienen consecuencias inmediatas que nada ni nadie puede evitar. La más importante es que la vibración de la energía que te compone es proporcional a la intención con la que realizas cada una de tus acciones. De manera que la naturaleza de tus acciones determina tu identidad: si obras desde la luz, eres luz; si lo haces desde la oscuridad, eso es lo que eres. A mayor cantidad de obras de uno u otro lado, la energía que te compone se fortalece y se expande.

Por consiguiente, no es necesario un juez que califique tu conducta. La energía toma la vibración que corresponde a la naturaleza de tus acciones. Cada uno de nosotros es libre de elegir cuál de los dos lados le gusta más, en donde se siente mejor, en cuál de los dos se identifica. Y para ello, nada mejor que experimentar.

La masa crítica.

A mi entender, todos estamos experimentando en todo momento hasta que llegamos al punto de definirnos por uno de los dos lados. Ese momento llega cuando se alcanza la madurez espiritual. Mientras no se llega ese punto, el proceso de experimentación continúa. No hay un tiempo o una edad determinada para alcanzar el estado de madurez. Esto se da cuando un ser ha experimentado lo suficiente y se siente listo para hacerse responsable de definir el bando al que desea pertenecer (sin importar de cual fuente provenga). A partir de ese momento, su conducta es una expresión consciente de la energía con la que se identifica: el amor o el ego, según sea el caso. Aunque la posibilidad de reconsiderar y cambiar de rumbo permanece vigente en todo momento.

Cabe señalar que lo anterior no solo aplica en la Tierra como nos ha hecho creer el sistema desde hace siglos. Esta es una ley que atañe a todos los seres que existen en cualquier plano, espacio, dimensión y nivel de densidad. Todo lo que existe es libre de experimentar en la luz y la oscuridad sin importar su naturaleza. No es verdad que fuera de este plano, “en la fuente”, todo es amor, algodones de azúcar y unicornios. Todo ser que existe, desde un planeta hasta un microrganismo se define a sí mismo de manera permanente a través de las elecciones que realiza.

Ahora bien, si metemos a diez personas dentro de una casa y la mayoría obra desde la luz, la energía que producen en conjunto determinará que la atmósfera de la casa y todo aquello que la compone tenga una alta vibración. Dentro de esa casa habrá armonía, respeto, orden, una comunicación fluida, etcétera. Aquellas personas que habitan la casa y su energía es de baja vibración, intentarán a toda costa bajar la vibración de las demás para sentirse en un ambiente más cómodo. Por lo tanto, harán de todo para generar inestabilidad en su entorno y serán un dolor de cabeza permanente de para los demás. A la larga, la tensión generada logrará que algunos de los habitantes de luz bajen su vibración y en ese momento se equilibra la energía. Si eso sigue avanzando, la atmósfera bajará su vibración y comenzará a ser más complicado vivir ahí para las personas que no se identifican con ella. Y si, además, los habitantes oscuros invitan a vivir en la casa a más personas oscuras, tarde o temprano los pocos habitantes de luz tendrán que elegir entre bajar su vibración para poder vivir en la casa o mudarse a un lugar donde puedan vivir de acuerdo con sus principios. Quedarse a pelear por su espacio no es una opción viable para la luz, ya que recurrir a la violencia la opaca. Mandar llamar a otros para equilibrar la vibración tampoco es viable, porque son tantos los seres oscuros que ahora habitan la casa y sus alrededores que no pueden siquiera acercarse. Los invasores, cuyo ego es infinito y se autoafirman a través de la conquista, el dominio y el sometimiento de otros, tendrán secuestrados en la casa a quienes no vibran como ellos, estarán en habitaciones separadas para debilitarlos más y les harán la vida imposible hasta que ya no puedan más y terminen renunciando a su luz. Cada día será más difícil mantener el brillo de su corazón y conservar la fuerza que se necesita para escapar. El esfuerzo es individual, están aislados y rodeados de seres despreciables, pero cuando la luz es genuina y la voluntad es fuerte, ilumina cualquier oscuridad por densa que sea.   

Siguiendo esta lógica, podemos discernir que el planeta de nuestros tiempos es una casa donde se produce una inmensa cantidad de energía de baja vibración. El sistema mismo fue diseñado para eso, el daño que se le hace al planeta y a todo ser vivo que lo habita es inefable. Y peor aún, los seres humanos en su mayoría –conscientes de ello o no– son generadores de oscuridad con su obrar cotidiano. Resulta evidente que también hay personas que producen la energía de alta vibración con sus acciones, pero apenas alcanza para mantener encendida una flama en este plano. Nos guste o no, las tinieblas se hicieron con el control del planeta y pronto se extinguirá la luz para siempre. Una vez que eso suceda, el planeta Tierra (como Marte y Mercurio, entre otros) fungirá como un enorme reactor de energía de baja vibración que alimentará a los seres de oscuridad y fortalecerá su afán de expansión por la galaxia. Por fortuna, fuera de aquí la historia es distinta: la luz es muy fuerte y ha logrado mantener a raya a quienes pretenden devorarla. Y una vez que regresemos a casa quienes aún permanecemos aquí, la fuerza del colectivo aumentará y la oscuridad no tendrá muchas opciones de expansión en un buen tiempo, aunque tendrán comida de sobra en planetas como este y no dejarán pasar la oportunidad de seguir jodiendo.

Los malos que se encarnan

Una pregunta frecuente es, ¿y qué pasa con los malos? Los políticos corruptos, los criminales, los asesinos, los violadores y las personas que dañan, traicionan, manipulan, someten y chantajean a otros sistemáticamente.

Una persona que hace el mal fortalece su energía de baja vibración. Quien se identifica con los valores oscuros le gusta vivir en suciedad, desorden, inestabilidad, violencia, abuso, competencia, conquista, imposición, mentira, confrontación, sometimiento, poder, vicios, perversiones, etcétera. En pocas palabras, disfrutan todo lo que a un ser que vibra en amor le parece repugnante. (Conoce más sobre los seres oscuros haciendo click aquí.)

Pues bien, lo normal en este planeta es el mal y quien hace el mal vive en su hábitat. Infinitos actos de maldad quedan impunes todos los días. Y cuando uno de estos seres llega a pagar por sus acciones, con la cárcel, por ejemplo, es porque ese sufrimiento es necesario para alimentar su oscuridad y hacerlo más malo. Eso dará frutos en esta o en futuras encarnaciones.

Y entonces, ¿qué pasa cuando un ser oscuro muere? Exactamente lo mismo que con cualquier otro. Sale a su encuentro el supuesto guía que lo tiene conectado a su voluntad, lo lleva por el camino de luz y después de un tiempo revisa los puntos más relevantes de su encarnación. Al finalizar la revisión lo condena y lo programa para su siguiente encarnación. A manera de ejemplo te comparto estos dos casos:

Angelica

“Fuiste una mujer preparada, inteligente y en una posición de poder muy importante que pudiste utilizar para hacer el bien a muchos, pero no, lo echaste todo a perder. Fuiste egoísta y codiciosa. Usaste el poder para hacer la guerra y para perseguir a quienes no pensaban como tú. Hiciste mucho daño y eso se paga caro. Por eso, en esta siguiente encarnación, nacerás en una familia que te maltratará desde pequeña a la que no podrás dejar nunca. Serás muy pobre y te perseguirán por considerarte inferior. Nunca encontrarás la paz ni alguien que te quiera. Todos te despreciarán. A ver si así aprendes a valorar la abundancia y las posiciones de privilegio.”

Armando

“¡Mira nada más que desgracia, ibas bien y lo estropeaste todo! Te repusiste pronto a la pobreza, encontraste el don con el que naciste, te convertiste en un ídolo y todo lo echaste a perder por tu inmenso ego. Perdiste todo lo que habías ganado y te dedicaste a los excesos. Destruiste a tu familia y encima terminaste siendo una vergüenza para tu país. En la próxima oportunidad nacerás sin piernas y en condiciones marginales. No es posible que teniendo esa habilidad con las piernas las utilizaras en tu propio beneficio. Además, no podrás hablar ni para pedir ayuda. A ver si así aprendes a valorar tener una voz que los demás escuchan y usarla para decir puras estupideces. A ver cómo te las arreglas esta vez.”

El supuesto guía que realiza este juicio se alimentó a manos llenas con la negatividad que generaron estos dos seres en vida. Sin embargo, cuando llega el momento del juicio los condena e impone una pena terrible a fin de provocarles tanto dolor y sufrimiento que, en primera, garantice al juez grandes cantidades de alimento, y en segunda, sirva para agudizar el mal y densificar la oscuridad en estos seres en cada encarnación.

¿En algún momento pagan por sus acciones? No, nunca. Ya he dicho que no existe un “juez universal” que gestione la Ley de causa y efecto. Eso solo sucede en planetas regidos por un sistema como el aquí descrito. Por lo tanto, no hay manera de que un ser que daña a otros pague por el precio de sus acciones como cualquiera de nosotros pudiera considerar justo. Recordemos que, aunque en su próxima encarnación sea diseñada para sufrir terriblemente, no es algo que lo perjudique, sino todo lo contrario.

La única manera que tenemos de hacer justicia es no permitirles convertirnos en uno de ellos. Vivir en amor a pesar de la densidad que nos rodea, crecer lo suficiente para salir de aquí y dejarlos en este cagadero que tanto les gusta. Tienen derecho a ser así, pero no tienen derecho a ser así con quien no quiere ser así. Defendernos también es un acto de amor, de amor a uno mismo, que también nos fortalece. Concentremos nuestra energía en mantener encendida la luz de nuestro corazón en vez de buscar hacer justicia. Aceptar que ésta nunca va a llegar es tan maduro como definirse. Lo tenemos todo en contra, pero nunca antes habíamos tenido la conciencia para ver la perversa realidad en la que vivimos ni la claridad con la que discernimos el camino para liberarnos. Hagamos lo que nos toca a cada uno y salgamos de aquí de una vez y para siempre.