Derribar el muro

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En 1979, la banda británica Pink Floyd lanzó uno de los álbumes más exitosos de la historia del rock: The Wall. Los temas que lo conforman, son el retrato sonoro de un tipo común y corriente de la Europa del siglo XX, que termina aislado del mundo a partir de sus vivencias. Cada experiencia dolorosa y la programación que recibe por parte del sistema, son representadas por un ladrillo que van formando un muro que termina excluyendo al protagonista de la historia de lo todo lo que le rodea. Sirva esta alegoría para abordar un tema fundamental para todo aquel que está buscando liberarse de la prisión de manera permanente.   

Ya he hablado que el objetivo de estos tiempos es dejar de identificarnos con nuestra naturaleza humana: instinto, pensamientos, emociones, sensaciones y conductas; y los condicionamientos con los que fueron programados para apegarse a la vida y al sistema. En su lugar, es preciso reencontrarnos con nuestra esencia y vivir en congruencia con lo que realmente somos.

Resulta imposible definir eso que llamamos esencia a través de la mente. No es algo que se comprende, se siente. Pero no con los órganos del cuerpo físico y sus sentidos, tampoco con las emociones. Se siente con la conciencia. Es energía que contiene un océano infinito de información que te define, tanto como un ser individual en sus diferentes versiones dimensionales, pero también como parte de un colectivo (que no de un todo) que vibra en un determinado rango de frecuencias.

El lugar de la esencia en el cuerpo físico es el centro del pecho. No propiamente el corazón, el músculo que bombea sangre a todo el cuerpo. Sino el corazón energético, el conocido como cuarto chakra. Diversas culturas originarias identificaron los siete principales centros energéticos del cuerpo humano (mejor conocidos como chakras). Los tres primeros relacionados con lo mundano, los tres últimos con lo “espiritual”, y en medio de ellos, el chakra corazón. Éste es el vínculo que une lo de “abajo” con lo de “arriba”, pero también un vehículo para conectar la consciencia con la naturaleza humana y con la esencia.

Como ya intuyes, este punto es clave para controlar al ser humano, pero también es la llave que abre la puerta hacia la liberación de este plano.

Los grilletes que nos arraigan al sistema se encuentran en los tres primeros chakras, los mundanos. Estos se relacionan con las raíces -tanto con la Tierra como con la familia y el entorno-, la satisfacción de las necesidades primarias, el instinto, la sexualidad y las emociones. Hoy por hoy, esto es lo que gobierna al mundo y la voluntad humana. La energía de la mayoría de las personas está estancada en la base, mientras que los chakras superiores se encuentran cerrados. Esto debido a que la vía de acceso a ellos -el corazón-, está completamente bloqueado. Tal y como el protagonista del disco de Pink Floyd, el centro energético más poderoso de nuestra naturaleza, el lugar donde podemos encontrar nuestra verdadera identidad, permanece aislado detrás de un muro que cada vez tiene más ladrillos. 

Y es que el cuerpo humano que apareció en la Tierra hace 5,000 años, fue diseñado para adaptarse a las condiciones atmosféricas y programado para obedecer la voluntad de sus creadores. Nadie en este plano te conoce mejor que la oscuridad. Esta enorme ventaja ha sido explotada desde el principio para llevar al mundo al punto en el que nos encontramos.

Una de sus herramientas más eficaces ha sido el ataque directo al chakra corazón. Desde pequeños, a veces desde el vientre, comienza la agresión y la violencia contra los humanos. A veces a nivel físico, pero invariablemente a nivel emocional y energético. El rechazo por parte de alguno de los padres, la sobreprotección, el abandono, el maltrato, las restricciones, imposiciones y expectativas; la herencia genética, la enfermedad propia o de los cuidadores, la carencia, las condiciones sociopolíticas, la religión, el sistema educativo y, por supuesto, el proceso de socialización; van generando heridas en el corazón. Hasta aquellos que juran que tuvieron infancias maravillosas, han experimentado dolor y sufrimiento. Nadie, absolutamente nadie se salva. Así funciona el mundo, es irreal que exista un solo ser humano sin heridas psicoemocionales y energéticas.

Imagina que antes de nacer te dicen que en esta encarnación tienes que aprender a valorar a tu familia, que esa es tu misión más importante. Pero naces siendo la menor de tres, con un padre alcohólico y violento, una madre víctima y manipuladora, un hermano mayor que te viola y te mantiene sometida, y una hermana que te tiene envidia desde siempre porque le quitaste su lugar y encima eres más bonita que ella (historia real). Con toda seguridad, a los 10 años vas a ser un costal de heridas y traumas. Tanto dolor y sufrimiento generarán suficiente energía de baja vibración para bloquear tu corazón energético de por vida. Y encima de ello, tu mente evitara que te vuelvan a romper el corazón de nuevo. Es su reacción es natural, así fue programada de origen. Por lo tanto, irá creando una barrera para protegerte de los ataques del exterior. Cada experiencia dolorosa sumará un ladrillo al muro, que llegará a ser tan grande y grueso, que quedarás profundamente aislado, particularmente de ti mismo, de tu esencia, de tu Yo auténtico. Atrapado en los tres primeros chakras y quejándote del dolor inherente a este plano

El sistema te brindará cientos de posibilidades para distraerte, incluso, para “sanarte”. Te ofrecerá infinidad de posibilidades para ser feliz, pero solo alimentará en ti una falsa esperanza que nunca será alcanzada. El vacío detrás del muro será cada vez mayor, la ausencia de ti mismo no se llenará con nada de lo que el sistema te ofrezca. Cuando mucho se anestesiará por un breve período, pero siempre volverá con más y más fuerza para obligarte a continuar buscando, buscándote. Nunca te encontrarás por esa vía. Yaces detrás del muro. Olvidado y extremadamente débil te vas consumiendo cada vez más, mientras tu mente y emociones determinan tu realidad y perpetúan el ciclo de sufrimiento que te condena. Encarnación tras encarnación tu esencia se apaga y te identificas más con tu mente y emociones. Cada vez te adaptas más a la oscuridad imperante e, incluso, aprendes a jugar el juego. Una vez que comienzas a disfrutarlo, sellas tu fichaje al lado oscuro.

Esta es la realidad imperante en el mundo de hoy. Por eso afirmo que la oscuridad ganó la partida y lo único que nos queda es intentar reencontrarnos con nosotros mismos para salir de aquí. Una vez que vences la resistencia de la mente y sus intentos de sabotaje, así como los ataques feroces de la oscuridad para impedir que sigas adelante y sus intentos de comprarte con cosas mundanas que siempre has deseado, te sitúas frente a ese enorme muro que te separa de ti, de tu esencia.

Lo peor es que, si bien la oscuridad creó todas y cada una de las situaciones que representan cada uno de los ladrillos que conforman el muro, fuiste tú quien los puso ahí y los refuerzas cada vez que sientes miedo a ser juzgado y lastimado, miedo a transformar tu realidad, miedo a pagar el precio de tu desacato. Es decir, tú mismo construyes el muro. Lo cual también es una buena noticia, porque de la misma manera que pusiste cada uno de los ladrillos, puedes quitarlos. Ese, precisamente, es el objetivo del trabajo interior. Derrumbar ese muro compuesto de energía de baja vibración y de memorias físicas, psicoemocionales y genéticas de dolor y sufrimiento.

Que no te engañen, eso no se desaparece de la noche a la mañana. De nada sirven los rezos, el yoga, los libros de autoayuda y todos los videos de YouTube que tu cerebro pueda soportar. Se necesita un trabajo consciente, disciplinado, constante y muy valiente para confrontar cada una de las situaciones que conforman ese muro, aceptarlas, liberar las emociones y la energía de baja vibración asociadas a esas memorias, resignificarlas y trascenderlas. No acabarías nunca tan solo con las de la encarnación actual, ya ni mencionar las encarnaciones anteriores y los espacios entre una vida y otra.

De muy poco te sirve haber tomado conciencia de tu entorno y del sistema perverso que gobierna el mundo, si no la traduces en un trabajo de desarrollo interior serio, comprometido y permanente. Cualquier otra cosa, no es más que una puñeta mental, una farsa, una ilusión, una cómoda y mediocre manera de terminar de renunciar a lo poco que queda de ti mismo y condenarte a la reclusión eterna.

Recibir una guía es muy importante, pero para que comiences -o continúes- de inmediaro, reflexiona lo siguiente: los tres chakras superiores están en la garganta, el entrecejo y la coronilla. Lo cual quiere decir que el aislamiento puede romperse, cuando te haces consciente del problema y lo visibilizas. Es decir, cuando hablas de él, cuando lo expresas a través de actividades creativas o artísticas, etcétera. Esto sirve también para ir desahogando las emociones asociadas a los eventos que provocaron el problema, así como para resignificarlas y liberarlas.

Aprender a percibir a través de la conciencia, no de la mente y el cuerpo, es fundamental para poder percibir a tu Yo auténtico que yace del otro lado del muro, pero también de “devolverle la vista”. Acercarse a los ladrillos desde la perspectiva de la conciencia, transforma la experiencia de liberación en una experiencia evolutiva. Si bien es necesario trabajar lo mundano, hacerlo con la conciencia de que eres mucho más que tu cuerpo y tu mente, siempre brinda seguridad, confianza y motivación. Estén desarrolladas tus habilidades extrasensoriales o no, la conciencia debe estar despierta y la intuición afilada. Confía en lo que sientes más allá de los cinco sentidos. Esa es la mejor manera de percibirte y percibir la oscuridad que te rodea. Solo así podrás liberarte de lo que te aprisiona y reencontrarte contigo mismo.

Y, por último, “mirar al cielo”. Siempre he creído que el chakra de la coronilla es como un ojo que está mirando hacia arriba, que voltea a ver permanentemente lo que en verdad somos, el lugar de dónde provenimos y a dónde hemos de regresar llegado el momento. Hagamos lo que hagamos, tenemos que hacerlo con la viendo hacia arriba, orientados al objetivo urgente y prioritario que es salir de aquí. Quien piensa en el futuro y en una vida mejor está percibiendo la realidad con el primer chakra, el que enraiza en este plano. La puerta del Yo auténtico que está atrapado en el muro del chakra corazón, se encuentra en la parte superior de cuerpo: la coronilla. Obrar desde el corazón, en conciencia de que no somos lo mundano y dirigiendo nuestros esfuerzos a reintegrarnos a nuestra esencia, es que lograremos salir de aquí.

Durante las espectaculares presentaciones en vivo que realizó Pink Floyd en la gira de The Wall, se iban poniendo en el escenario enormes ladrillos que en algún punto terminaban aislando por completo a la banda del público asistente. Hasta que, en un punto cercano al final del concierto, el muro caía estruendosamente y las luces del escenario brillaban con tal intensidad que cegaban a propios y extraños. Esa es la luz del Yo auténtico que se reencuentra consigo mismo y se libera de la identidad espuria que lo aprisiona, de todo el dolor que le causó la oscuridad y del control de las entidades que lo secuestraron en este plano. La luz está llamando a la luz del otro lado del muro. ¿Qué estás esperando para derribarlo?