Definirse para liberarse

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He insistido en que vivimos tiempos de definición. Esto quiere decir que debes elegir un bando: la luz o la oscuridad, quedarte a vivir la vida mundana o salir de aquí para regresar al lugar de donde provienes. Antes del 2018 era posible encontrar matices entre ambas posturas, pero a partir de entonces comenzó la cacería final, o lo que es lo mismo, ese año marcó el banderazo de salida de lo que será una nueva humanidad conformada por una sola raza que represente los principios y valores de quienes colonizaron este planeta. Todos bajo las órdenes de un gobierno único, una religión única y sometidos a las reglas de un sistema tirano del que no hay escapatoria. Antes de continuar, te invito a que hagas memoria y reflexiones sobre cómo ha cambiado tu vida, tu entorno, la cultura y el mundo en que vivimos a partir de la segunda mitad de 2018. El avance progresivo de la oscuridad es evidente, salvo para los que siguen negando la realidad como un mecanismo para defenderse de ella y los que les encanta hacerse tontos solos.

Fue en aquel año cuando la realidad individual y colectiva comenzó a ser llevada al límite. Si bien desde antes se han valido de todo tipo de argucias para manipular a la humanidad, a partir de entonces se incrementó su alcance y el poder que tienen para interferir en la realidad y el destino de la gente sin que prácticamente nada pudiera impedirlo. Comenzaron a condicionar la conducta humana manipulando sus pensamientos, sentimientos, emociones y percepciones, a fin de bloquear cualquier posibilidad de progreso que naciera desde la luz o que implicara la toma de conciencia y la liberación individual y colectiva. Por supuesto que estos siguen siendo posibles, pero ahora se necesita de mucho esfuerzo, sacrificio y renuncia para alcanzarlos.

Poco a poco fueron cerrando espacios a la luz y el mal comenzó a mostrarse con un cinismo obsceno y una impunidad descarada. La humanidad cayó en la trampa y se apegó a cualquier cosa con tal de evitar el colapso, pero no se ha dado cuenta de que solo queda una salida y hay que sacrificar mucho para alcanzarla. Con el tiempo, la puerta se ha venido haciendo más pequeña y el camino que lleva a ella es cada vez más estrecho, sinuoso y resbaladizo. La oscuridad respira en la nuca de todo aquel que emprende el recorrido desde la conciencia. No dejarán de intentar hacer de su vida un infierno hasta que desistan de encontrarse consigo mismos y acepten lo que este mundo les ofrece. Solo unos cuantos valientes y locos han seguido adelante, el resto se vendieron o se entregaron.

Estos, los que ya eligieron renunciar a sí mismos y quedarse en el mundo, no representan ningún peligro para la oscuridad. Por el contrario, son la materia prima con la que están construyendo la nueva humanidad. Sin darse cuenta, cada día se ensombrecen más y hacen suyos los valores y principios oscuros. Están siendo despojados de su identidad, de sus principios, de su voluntad y libre albedrío. Todo el tiempo están tocando sus heridas, exponiéndolos a sus miedos más profundos, exacerbando sus carencias, su indignación y resentimiento; exponiéndolos a situaciones límite para que dejen salir sus más bajos instintos y pasiones. Por ende, el mundo es cada vez más hostil y oscuro.

Existe otra categoría que está conformada por los que aún no se definen. Son todos aquellos que conservan luz en su corazón, pero no se deciden a cortar los lazos que los atan a lo mundano. Entre los seres de luz, esta es la categoría más amplia, ya que son muchos los que se hicieron conscientes del camino, pero muy pocos lo recorren hasta sus últimas consecuencias. La inmensa mayoría está convencida de que es posible encontrar un equilibrio entre una vida consciente y “las cosas buenas que el mundo puede ofrecer”. Es decir, no se deciden por una o por otra vía, por el contrario, quieren lo mejor de ambos mundos. Tienen miedo de soltar, de dejarse ir. Están apegados a la vida, pero creen que la vida terrenal es la única que existe. Ni los más conscientes quieren ver que existen un sin fin de posibilidades de continuar viviendo en este plano el tiempo que les quede, pero de acuerdo con los parámetros que determina la conciencia, no la programación de su mente, sus heridas, sus asuntos no resueltos o las necesidades creadas por el sistema imperante.

Cuando tomas conciencia de la mentira que es el mundo y de quién eres en realidad, dejas de desear la gran mayoría de cosas que la vida terrenal puede ofrecerte. En su lugar, percibes valor en donde casi nadie lo ve. Se te llena el corazón con cosas que podrían ser absurdas o estúpidas para la mayoría. Encuentras amor y plenitud en lugares inimaginables. Cuando te conectas con la naturaleza o con otras manifestaciones de ti mismo, encuentras compañía, contención, consuelo, complicidad, enseñanza, abundancia, guía, empatía y amor de la más alta calidad. Te llenas de ti mismo y no dependes de lo que otras personas, experiencias o bienes materiales pueden ofrecerte.  Te sientes pleno al saberte y sentirte parte de un conglomerado de amor que te nutre con sus acciones congruentes y conscientes, y a la vez se nutre con las tuyas. Te piensas más de dos veces antes de hacer algo que pueda ponerte en riesgo porque te amas, y, además, eres consciente de las consecuencias negativas que tu egoísmo puede provocar en otros que te aman y no te dañan con sus acciones. Entiendes el bienestar de una manera distinta al resto: no persigues una idea preconcebida de felicidad, valoras el crecimiento interno y el fortalecimiento de tu energía más que cualquier cosa que el mundo y los cinco sentidos puedan ofrecerte. Vives en un estado de merecimiento y gratitud permanentes, de respeto y amor incondicional a ti mismo y a las personas que te rodean, aunque eso implique dejarlas ir porque no interpretan la vida como tú y tienen derecho a elegir el camino que quieren andar. Te duele el dolor que hay en el mundo, pero eres consciente de que no puedes hacer gran cosa para evitarlo, salvo continuar haciendo lo que tienes que hacer para fortalecerte, fortalecer al colectivo y lograr salir de aquí cuando llegue el momento. Reconoces con humildad la fuerza del oponente, pero tienes confianza en la propia y en la del colectivo. Aceptas que la oscuridad se infiltró en la mayoría, pero ya no sientes la necesidad de salvarlos. En su lugar, siembras una semilla de luz en su corazón sin expectativas de por medio y permites que los demás se responsabilicen de regarla o dejarla morir. Antes de tomar decisiones, identificas las diferentes opciones: reconoces las que te instalan en la zona de confort, las que te convienen, las que te ofrecen los resultados que te gustarían y la opción correcta. Al elegir esta última –que suele ser la menos fácil y atractiva–, te plantas bien firme en el amor, en la confianza en ti mismo y en la certeza de que la luz que nace de ese lugar es capaz de iluminar hasta la oscuridad más densa, así como de crear una realidad armónica hasta en circunstancias tan adversas como las actuales.

Si en algún momento sueltas tu naturaleza humana y te identificas de a deveras con tu conciencia y tu esencia, sabrás que estás habitando un mundo nuevo y verás con desdén al mundo que tanto te aferras ahora por miedo a que te devore la oscuridad si decides ser tú mismo.

Si nunca te decides a hacerlo, tendrás posibilidades de salir de aquí, pero serán más escasas cada día que pasa, cada elección que tomas. Con cada decisión te anclas o te liberas de este plano. No puedes liberarte si no te atreves a soltar lo que te apega al mundo. Pero puedes estar seguro de que si lo sueltas, aparecerá una nueva realidad ante ti que es infinitamente mejor que la que el sistema creó para esclavizarte. Y no me refiero solo a lo que viene una vez que salgas de aquí, sino a la realidad en la que puedes vivir si te decides a hacer lo que sabes que tienes que hacer. No es un secreto para ti. Ha estado frente a tus ojos mucho tiempo, pero te has negado a aceptarlo. El tiempo es ya, el momento es ahora. La decisión está en tus manos, nadie más va a hacer lo que solo a ti te corresponde. Quien no enciende la luz que aún queda en su corazón, acepta el proceso de ensombrecimiento. Y mientras más avance éste, más difícil será liberarse.

Después de leer esto ya sabes lo que está en juego. Eso quiere decir que elijas el camino que elijas, lo estás haciendo en conciencia y aceptando las consecuencias positivas y negativas de tu elección. Te vaya como te vaya, siéntete bien; ya te definiste, eres libre.