Decálogo para que no te coma el mundo

Suscríbete al nuevo canal de Telegram haciendo click aquí. Recibe directo en tu teléfono las nuevas publicaciones del blog, videos y mucho más.

Las siguientes diez creencias fueron tatuadas en tu mente (y en el inconsciente colectivo), a fin de condicionar tu conducta y determinar tu realidad. Aferrarte a ellas te apega al barco que se está hundiendo. Soltarlas y resignificarlas equivale a ponerte un salvavidas que te mantendrá a flote mientras llega el momento de regresar a casa.

1. “La esperanza muere al último.”

Si sigues esperando que el mundo cambie para bien, es porque sigues apegado a él. Si no quieres aceptar que la oscuridad se impuso en este plano, es porque ya elegiste, en conciencia o no, ser parte ella. Si sigues esperando a que alguien de fuera venga a salvar al mundo, estás desperdiciando tiempo muy valioso alimentando falsas expectativas en lugar de hacer lo que tengas que hacer para salvarte a ti mismo. Si te aferras a mantener viva la esperanza de un futuro mejor para no colapsar, es porque no confías en ti, por lo tanto, no te amas y quien no se ama no vive en amor. 

Cambia la esperanza en un mundo mejor, por la certeza de que el esfuerzo que realices por mantenerte en el amor será recompensado. Una vez que te liberes de este plano vivirás en plenitud y estarás infinitamente mejor de lo que la limitada mente humana es capaz de imaginar.

2. “Ahora estamos mal, pero lo mejor está por venir.”

Todo lo contrario, las tinieblas se apoderaron del mundo y cada día será peor. Deja de perseguir la zanahoria como el burro que tira de la carreta. Aceptar que el barco se está hundiendo y nada puede evitarlo, te sitúa en la realidad y te obliga a renunciar a la necesidad de transformarla. No puedes arreglar el barco, las cosas jamás volverán a ser como eran. El naufragio es inminente, acéptalo y enfócate en buscar la manera de salvarte.

La oscuridad ya trazó tu destino y no hay nada bueno en él. Recupera el poder de crear tu realidad y determinar tu destino, eso es lo único que puedes transformar en estos tiempos. Fija tu objetivo en regresar al lugar del que provienes y trabaja con toda tu fuerza, amor y confianza para alcanzarlo. Así tendrás la certeza de que lo mejor está por venir, pero tendrás conciencia de que no será en este plano.

3. “Todos somos uno.”

Los seres de amor conformamos un colectivo: trabajamos en conjunto, somos solidarios, aprendemos de cada uno de nosotros, nos cuidamos entre todos, pero no somos uno. Somos un conjunto de individualidades que conforman un colectivo cuyo común denominador es el amor y el trabajo en uno mismo.

Las entidades de baja vibración obedecen a su ego y una acentuada necesidad de sometimiento y conquista. No obstante, desde 2018 trabajan juntos por un mismo objetivo: apagar la luz en el planeta y esclavizar a la humanidad para siempre. Una vez que lo logren, volverán a competir entre ellos para demostrar superioridad. Por lo tanto, tampoco ellos son uno. Esta es solo una creencia que ha servido para extirpar la esencia de cada individuo y programarlo para ser una oveja más del rebaño.

Recuperar tu identidad, dejar de identificarte con los modelos de conducta que impone el sistema y renunciar a la necesidad de cumplir con las expectativas de la sociedad, te rencuentra con tu esencia y te libera.

4. “No hay personas malas, solo personas inconscientes, dormidas.”

Hay personas malas, muy malas, y parte fundamental del juego en este plano es tenernos mezclados con ellas. Están en tu familia, en tu trabajo, en tu barrio, en todos los grupos sociales y muchas veces hasta en tu cama. Gracias al cuento de que todos somos amor, a las personas les cuesta mucho trabajo identificar a los lobos con piel de oveja que los rodean. Absolutamente nadie se salva de tener estos “agentes infiltrados” en su entorno.

No puedes seguir negando la realidad. Continuar cerca de esas personas va a terminar contigo. Tus dudas, tu miedo e indecisión las fortalece. Te dominan a través de la culpa y de la esperanza de que en algún momento van a cambiar. Y si tienes sexo con ellas, el control que ejercen sobre ti resulta aún peor.

Acepta que hay personas malas por naturaleza que no quieren recibir tu ayuda, a quienes no les importas un carajo y solo están jugando contigo para destruirte. No puedes decir que vives en amor, y mucho menos que te amas, cuando permites que otros te hagan daño y no tienes el valor de alejarte de ellos.

5. “Nadie te va a querer como tu familia.”

Aprende a distinguir a los miembros de tu familia que tienen amor en su corazón. Determina la cercanía y el tipo de vínculo que tendrás con cada uno. En algunos podrás confiar y en otros no. Con unos te entenderás mejor que con otros. Pero, en definitiva, aquellos que generan inestabilidad, juzgan, manipulan, traicionan, abusan y lastiman, hay que tenerlos lejos. Con algunos, incluso, habrá que alejarse de manera definitiva para evitar ser víctimas de su toxicidad. Que no te tiemble la mano para cortar el vínculo que te une a esos seres, a ellos no les tiembla para lastimarte. Al resto, tendrás que fijar límites firmes para evitar ponerte en riesgo.

Acepta que el enemigo está en casa y que no llegarás muy lejos si no te alejas de aquellos que viven para sabotearte. Que el miedo y la culpa no te detengan más. En estos tiempos, son ellos o tú.

6. “Debes ser alguien en la vida.”

Es cierto, ese “alguien” que debes ser es tú mismo. El problema en este plano es que ser alguien significa “ser alguien más”, no está bien visto ser uno mismo. Seas lo que seas, nunca serás suficiente para los demás. Siempre te van a exigir, a criticar, a juzgar y a rechazar. Mejor que lo hagan porque eres tú, que por intentar ser lo que no eres. Siendo tú mismo te tienes a ti, y si te tienes a ti lo tienes todo. El resto del mundo seguirá mortificándose por el qué dirán, haciendo de todo para ganarse la aceptación, el cariño y el reconocimiento de otros; por llenar el vacío de sí mismos con lo que sea menos con su esencia. Se dedicarán a fingir que son felices y rechazarán todo aquello que les haga ver su miserable vida. Mejor para ti, no necesitas a esa gente cerca. Que se queden en su mundo artificial, con su vida y su identidad artificiales. Cuando te tienes a ti, puedes crear tu propia realidad y encontrar plenitud en ella, sin importar lo espantoso que sea el mundo. 

7. “¡Hazlo, solo se vive una vez!”

Sabemos que no solo se vive una vez y, además, cada que te dejas llevar por tus impulsos ratificas el contrato para reencarnar de manera perpetua. Comportarse como un adolescente en estos tiempos es como un suicidio. Cada una de tus decisiones te define como individuo y determina tu destino.

Pretender llenar tus vacíos existenciales con lo que ofrece el sistema y con experiencias que solo brindan placer, no solo es inmaduro e inconsciente, es estúpido. Lo que está en juego es infinitamente mayor a cualquier momento efímero de placer psico-corporal.

Estos son tiempos para situarse en el presente, para elegir en conciencia y no arriesgarse a perderlo todo a cambio de experiencias que fueron diseñadas con base en tus carencias, en tus sueños, en tus debilidades y tus más profundos deseos. Identificarlas y rechazarlas te fortalece, te ilumina y consolida tu camino de regreso a casa.

8. “Lo hago por tu bien, porque te amo. ¡Yo solo quería ayudar!”

La inmensa mayoría de las personas que dice eso, no tiene buenas intenciones. Desconfía de ellas. Y si eres tú quien suele decir esto, acepta de una buena vez que no eres nadie para elegir lo que es mejor para otros. Sin importar que sean tus hijos o personas que no se pueden valer por sí mismas. Si vas a hacer algo por amor, hazlo de manera incondicional y sin expectativas. De otra manera no estás buscando ayudar, sino manipular, condicionar tu ayuda, tus recursos y tu cariño para obtener algo a cambio.

Acepta que nadie te necesita (salvo en casos excepcionales). Hacerte responsable de ti mismo y dejar que los demás aprendan a hacerse responsables de sí mismos, es la muestra de amor más grande que puedes tener para ti y para quienes dices amar. No confundas la solidaridad, la colaboración desinteresada y el amor incondicional, con ayuda que prestas para obtener aceptación, cariño, reconocimiento, control o poder sobre otros. Si tus intenciones son genuinas, reconocerás cuando no te necesitan, cuando lo que puedes aportar no es del interés de la otra persona, o cuando debes hacerte a un lado para que el otro prosiga su camino. Y si tropieza, ahórrate el “te lo dije”. Sé empático y enfócate en extraer la enseñanza que dejó la experiencia vivida.

9. “Está científicamente comprobado que…”

No creas todo lo que dicen los medios, las autoridades, la academia y la ciencia al servicio del poder. Su verdad pertenece a una agenda que está al servicio del sistema, no de la humanidad. Su trabajo es producir conocimiento (o mentiras) para acotar tu realidad, así como los mecanismos necesarios para manipularte y controlarte en ella.

Conoce, investiga, contrasta información y forma tu propio criterio. De ser posible, vive y experimenta para sacar tus propias conclusiones. Y abstente de discutir y adoctrinar a los demás. Sin importar que tan verdadera sea tu verdad, el resto del mundo está en su derecho de tener la propia. Respetar la realidad que cada uno interpreta es un sinónimo de madurez, de amor y de libertad. Quien quiera ser tratado con respeto, debe respetar.

10. “Si no eres el cambio, eres parte del problema.”

En estos tiempos, los que llaman a la revolución son los tontos útiles del sistema. Quienes responden al llamado, están determinando que su prioridad es el mundo, que les importa el futuro y que quieren ser parte de él. Por tanto, confirman que su lugar está en la Tierra y renuncian a regresar al lugar del que provienen, se identifican con lo humano y rechazan su esencia, luchan por la libertad de quienes no quieren ser liberados y terminan renunciando a su propia libertad.

La humanidad ya eligió y si surgiera una revolución capaz de cambiar las cosas, sería saboteada por los propios humanos. No malgastes tu energía peleando por quien no quiere responsabilizarse de sí mismo y hacerse cargo de su propio destino. No tiene sentido. Lejos de hacerles un bien, los perjudicas y te desgastas. Si tu afán de cambiar algo es muy grande, voltea a tu interior. Ahí encontrarás aquello por lo que vale la pena luchar el resto de tu vida.