Atrapados en un círculo de obediencia (Parte 1 de 2)

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Antes de nacer te programaron para obedecer y cumplir el destino que se te impuso. En caso de no hacerlo, pagarás las consecuencias cada que desacates una orden. Esta información está preconfigurada en tu sistema energético y se cumple irremediablemente, hasta que la descubres y haces lo necesario para liberarte.

Comencemos por el principio.

Todo ser que llegó a este planeta después de la colonización del mismo —­̶así como tú y yo—, tiene que pasar por una aduana en donde lo primero que le hacen es borrarle la memoria. De esta manera se aseguran que no sepas quién eres, de dónde vienes y que pierdas la mayor parte de tu esencia. Acto seguido, te vinculan a un ser que será tu guía en el proceso evolutivo que vivirás en la Tierra.

La new age define a estos supuestos guías como seres espirituales muy evolucionados, una especie de maestros ascendidos que completaron su misión en la Tierra y ahora se dedican a ayudar a otros amorosamente. Nada más alejado de la realidad. Se trata de seres de oscuridad de alto rango que te vinculan a ellos y su voluntad a través de un lazo energético. Esta unión determina tu destino encarnación tras encarnación. Al aceptarla autorizas a ese ser malévolo que defina las condiciones en las que nacerás, vivirás y morirás.

Este planeta prisión no es un parque de diversiones. Aquí se viene a sufrir para alimentar a las entidades oscuras que lo gobiernan. Por lo tanto, te rodean de condiciones adversas que te condicionan a experimentar dolor y sufrimiento a lo largo de tu vida.

En esta publicación no ahondaré en estos detalles. Todos, absolutamente todos los seres humanos hemos tenido circunstancias desfavorables a lo largo de la vida. Sobre todo, aquellos que afirman categóricamente que no es su caso, que su vida ha sido maravillosa. Esos siempre son los más jodidos y en los que menos hay que confiar porque desempeñan un rol perverso: hacerle creer a la gente que es posible tener una buena vida. Es decir, son los encargados de que las masas mantengan encendida la vela de la esperanza. Igual que aquellos que superan duras pruebas y se convierten en testimonios vivos de superación. En realidad, solo superaron circunstancias adversas, pero no se liberaron de nada. Solo los usan para manipular al resto del rebaño por medio de la culpa (profundizo en esto más adelante).

Pero volviendo al momento en que definen tu destino en cada encarnación, es necesario mencionar que esto es un traje a la medida de cada quien. Sin embargo, a lo largo del tiempo la oscuridad se fue haciendo de la complicidad de la humanidad y logrando una especie de masa crítica que le dio el poder de decidir sobre el resto. Es decir, una vez que los humanos fueron sometiéndose a la voluntad de esas entidades supuestamente iluminadas, y encarnación tras encarnación fueron aceptando obedecerles, éstas fueron ganando terreno e incrementando sus mecanismos de control.

El que nos ocupa ahora es un ciclo en que todos, sí, todos, estamos atrapados. Funciona de la siguiente manera:

Antes de nacer te condicionaron a obedecer, es decir, a cumplir las circunstancias que tu “guía” eligió para ti a fin de nutrirse de tu dolor y sufrimiento. Estas pueden ser de naturaleza diversa. Lo ejemplifico a continuación con algunos casos reales:

Manuel, 37 años.

Un profesionista muy preparado e inteligente que nunca había logrado capitalizar su esfuerzo. Lo que ganaba solo le alcanzaba para llegar a fin de mes y algún extra. Con mucho esfuerzo, había logrado ahorrar para realizar algún viaje o comprar algo fuera del presupuesto habitual. Esto solo alimentaba la idea de que le podía ir mejor, que merecía más de lo que tenía por el esfuerzo que realizaba. Pero cada que alcanzaba una meta más allá de lo cotidiano, el flujo de ingresos disminuía o se interrumpía sin motivo aparente. Hasta que se encontró con esto:

“En esta ocasión tendrás solo lo justo. Nunca tendrás de más y estarás rodeado de otros que viven con holgura, a ver si así aprendes a valorar lo que tienes y se te quitan las ganas de andar ayudando a otros.”

Ivonne, 27 años.

Una chica muy intuitiva que fue capaz de reconocer y aceptar que en el corazón de su padre no había luz, sino todo lo contrario. Éste solo abusaba de ella y la controlaba a través del dinero. Ella era muy infeliz y sentía que estaba condenada a estar siempre a su lado. Todo tuvo sentido cuando conoció lo siguiente:

“Nunca podrás valerte por ti misma. Trabajarás duro, pero nunca estarás suficientemente bien remunerada. Todo lo obtendrás de tu padre. A él le deberás toda tu lealtad y cuidarlo siempre será tu manera de agradecerle todo lo que hace por ti.” 

Víctor, 35 años.

Un tipo que tenía un miedo irracional a los caballos y sin motivo aparente. Cada que veía uno, aunque fuera en una película o una fotografía, sentía un miedo paralizante que en más de una ocasión le provocó un ataque de ansiedad.

El motivo de esto no lo encontramos en esta encarnación, sino en la programación que recibió antes de nacer en alguna encarnación anterior:

“¡Todo lo has hecho tan mal! No has sabido valorar las amorosas familias que te han tocado. Por eso ahora te quedarás solo e inválido desde pequeño. A ver cómo te las arreglas en esas circunstancias. Vas a ver que a partir de ahora valorarás a esas familias que han hecho todo por ti y tú solo las has despreciado.”

Lo que lo dejó inválido fue una aparatosa caída de un caballo. Al poco tiempo de esto, su familia murió en un accidente y tuvo que arreglárselas solo desde los cinco años. Vivió hasta anciano, solo y confinado a una silla de ruedas.

Estos decretos se implantan a nivel energético y condicionan la conducta humana. Su efecto es tan poderoso porque al aceptar el vínculo con esa entidad, aceptaste que su voluntad se materialice en tu realidad. Esto es parte inherente al ser humano y el acuerdo no tiene fecha de vencimiento. Solo prescribe cuando lo descubres y lo cancelas. Con lo cual no quiero decir que todo cambia mágicamente, ¡al contrario! La oscuridad se aseguró de que siempre que te quites una cadena, surgirá otra. Es ahí donde comienza el ciclo.

Tomemos el caso de Ivonne como ejemplo:

Poco después de cortar lazos con su padre y cancelar el “contrato” que la unía con él a perpetuidad, descubrió unos abultamientos en uno de sus senos. No fue cáncer, pero requirió de un tratamiento largo y costoso que terminó pagando su padre. Ella tenía pensado hacer lo que tuviera que hacer para independizarse en cuanto pudiera, pero esto vino a entorpecerlo todo.

A pesar de la enfermedad y la debilidad que le provocaba el tratamiento, quiso continuar adelante con sus planes de emancipación y aprovechar el tiempo de recuperación para trabajar y ahorrar. Su actividad como freelance se lo permitía, pero de pronto comenzó a perder clientes de manera inexplicable. Se fueron todos con excepción de uno que no solo se mostró empático con ella, sino que además la invitó a salir en cuanto le fuera posible.

Ivonne vio esto como algo positivo entre tantas cosas adversas y terminó metida en una relación con un narcisista dominante que le hacía la vida imposible. A la par, su padre enfermó de esclerosis múltiple y comenzó a requerir de todo tipo de asistencia. Como pudo, Ivonne se alejó del tipo y regresó destrozada a cuidar a su padre, argumentando que necesitaba desintoxicarse de la relación para retomar sus planes de independencia más adelante. En esta situación se refleja claramente el siguiente ciclo:

Ivonne fue programada para depender de su padre y cuidar de él a cambio de su apoyo económico. Ella desobedeció (1) al tomar conciencia de la naturaleza del vínculo con su padre, lo canceló y quiso tomar acción para independizarse. Justo cuando más motivada estaba, surge una consecuencia negativa, un castigo (2) por haber desobedecido: enfermar y necesitar del apoyo de su padre, e ir perdiendo a sus clientes. Eso bastó para detenerla en su proyecto de emancipación. Y parte del castigo que recibió como un recordatorio de que tiene que obedecer, fue la relación violenta y disfuncional que tuvo con el que fuera su cliente (3. autodestrucción). Muerta de miedo y culpa, esta ovejita regresó al corral más dócil que nunca para cuidar a su padre enfermo y volver al punto de inicio: obedecer con sumisión. En términos reales, Ivonne no se liberó al cancelar el contrato que descubrió, solo desencadenó un ciclo del que terminó siendo presa.

A muchos les basta con las consecuencias del primer intento de emancipación para nunca más volver a intentarlo. Otros, los más rebeldes, continúan intentándolo sin éxito y solo van acumulando frustración e impotencia. Eso da como resultado que la fase de autodestrucción sea cada vez más intensa y dolorosa. A nivel inconsciente, se castigan con dureza por ser incapaces de alcanzar la libertad anhelada. Esta autodestrucción va agotando sus recursos, sus fuerzas y mermando su voluntad. Suelen terminar devastados, alimentando a la entidad que los controla con su dolor y sufrimiento, es decir, terminan obedeciéndola de todas formas.

Todo se complica cuando te das cuenta de que tienes este tipo de condicionamientos en prácticamente cada área de tu vida. Ahora suma lo que traes de encarnaciones anteriores… Sin temor a equivocarme, no nos alcanzaría la vida para verlos todos. Es imposible. Por ello, es mejor concentrarse en descubrir cómo se manifiesta el círculo de obediencia en diferentes áreas y etapas de la vida. Si bien descubrir las cadenas es parte fundamental de cualquier proceso de liberación, las acciones realizadas para cortarlas son las que verdaderamente transforman la realidad.

Observa, reflexiona y analiza cómo te ha ido cada que has intentado ir contra las reglas, pelear contra lo establecido, modificar tu destino, romper paradigmas, emanciparte, trabajar con tu autoestima, enfrentar tus miedos, alejarte de personas nocivas, ser tú mismo. Apuesto a que has sufrido un castigo e iniciado a autodestruirte de alguna manera que te regresa a la obediencia. Dejas el cigarro y comienzas a comer carbohidratos para compensar el síndrome de abstinencia. Terminas una relación tóxica (como les llaman ahora) y comienzas otra. Te martirizan los sentimientos de culpa o te paralizan tus miedos (otra manera de autodestruirse). Saboteas cada intento de liberación para evitar el dolor que produce el castigo. En fin, cada caso es diferente, pero ten por seguro que todos encajan en el mismo esquema.

Si bien vale la pena romper con el contrato de obediencia y el círculo subsecuente, el reto es comprometerse a romper este ciclo de perdición en la vida cotidiana. Esta es la única manera de transformar la realidad. Pero ojo, recuerda lo que hablamos en la publicación anterior sobre pagar el precio (puedes leerla haciendo click aquí). A mayor libertad, mayor el precio que hay que pagar. Esas entidades no dejan ir. En sus inmensos egos, ellas nunca pierden. Por lo tanto, intentan obligarte a obedecer nuevamente por todos los medios a su alcance (que son muchos). La lucha no termina nunca, debes ser consciente de ello. Incluso después de morir, vuelven a sacar rédito de este círculo. Pero de eso hablaremos en la siguiente publicación.